Críticas
5,0
Obra maestra
Backrooms

"No sé qué fckng está pasando pero I’m in"

por Sara Heredia

Vivimos grandes tiempos para el cine de terror. Este fin de semana dos películas del género han reventado la taquilla estadounidense: Obsesión (próximamente llegará a los cines españoles) y Backrooms, que se estrena este viernes y de la que nos toca hablar hoy. Son dos cintas que no sólo han dado una nueva vida al horror, sino que han atraído en masa a la generación Z y han dado una lección al cine más clásico y acomodado: si dejáis de darnos cosas que ya hemos visto, iremos a las salas de cine. Es especialmente representativo que mientras estas dos suben en recaudación, The Mandalorian y Grogu baja hasta batir récords en negativo. Aquí lo dejamos para que cada uno haga su propia reflexión.

Vamos a intentar explicar el filme. La historia nos sitúa en los años 90. El dueño de una tienda de muebles en decadencia hace todo lo posible por atraer a la clientela. Alarmado por la elevada factura de la luz, se adentra en el sótano y descubre un portal a una realidad desconocida. A partir de ahí, queda atrapado en un laberinto de habitaciones que parecen una prolongación infinita de su tienda, como si existieran dentro del sueño de otra persona.

Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve -una de las actrices del momento- son los protagonistas de esta locura en la que no es necesario un gran ejercicio de interpretación, pero sin duda saben darle el golpe de gracia al asunto.

'Backrooms', lo último de la generación de internet

Resulta difícil pensar que detrás de Backrooms hay un chaval de 20 años. Su director, Kane Parsons, lleva años creando contenido en internet y demostrando que tiene una mentalidad audiovisual muy propia, pero da la sensación de que aquí ha tenido ayuda. El proyecto cuenta además con nombres de peso del género como James Wan (creador de la saga Expediente Warren, Saw y otras tantas como productor), Osgood Perkins (The Monkey, Longlegs) y Shawn Levy (productor de Stranger Things).

Volviendo a Parsons, sus cortos funcionan como fragmentos de un universo terrorífico y expresionista. Y, al igual que ocurría en ellos, el valor del largometraje reside en priorizar las sensaciones que provocan sus imágenes por encima de una representación lógica de la realidad. No hace falta comprender cada detalle de la trama. Backrooms es una película para dejarse arrastrar por la experiencia que propone Parsons.

En este sentido, la película conecta mucho con la propuesta de otro youtuber, Kyle Edward Ball, director de Skinamarink (2002). Al igual que Parsons, Ball subía vídeos a YouTube basados en pesadillas que tenían los usuarios. En 2020 estrenó Heck, una pieza conceptual que convirtió la casa de su infancia en un mal sueño. Dos años después lo convirtió en largometraje y aunque la idea era muy interesante el concepto no terminaba de sostener un largometraje.

Aparte de esta nueva mentalidad forjada en redes sociales, se dejan ver pinceladas de homenaje a grandes películas de terror en la película de Parsons. Las escenas de ‘found footage’ son aterradoras y recuerdan a la mejor Bruja de Blair. Es en estos fragmentos donde encontramos el horror más explícito.

El expresionismo también domina el ritmo. La película es lo contrario al maximalismo que tantas veces vemos en cartelera -esas películas que te dejan un poco mareado y no sabes muy bien que está pasando en las escenas de lucha- pero no deja de ser estimulante. Cada nueva estancia, cada nuevo plano es una pista para tratar de entender que está pasando en esa dichosa tienda de muebles. Lentamente, al igual que ocurre en el sótano de la película, el guion atrapa al espectador y le lleva por rincones desconocidos de los que no puede salir. La diferencia está en que yo no quería irme de ahí.

Cuando salí de la proyección me preguntaron que me había parecido y mi respuesta fue: “no sé qué fckng está pasando pero I’m in”. Pues eso.