"Cada segundo, mientras hablo ahora, el cine se convierte en polvo". Con estas palabras comienza la película documental Cine, registro vivo de nuestra memoria, un largometraje dedicado a reivindicar y defender la importancia de la preservación del cine y rendir homenaje a todos esos guardianes, archivistas, técnicos y cineastas de todo el mundo, que dedican su vida a proteger la historia del cine. Un patrimonio audiovisual que, como se presenta el documental en su descripción oficial, a menudo estamos dando por sentado sin pensar en que una gran parte del cine se ha perdido para siempre y que no se están teniendo en cuenta ni implementando las medidas necesarias para que las producciones cinematográficas de todo el mundo estén protegidas y perduren en el tiempo.
La directora de este documental es Inés Toharia Terán, una cineasta especializada en preservación cinematográfica que ha dedicado toda su vida al cine desde distintos ámbitos; desde su trabajo en diferentes archivos cinematográficos y proyectos de preservación cultural hasta la dirección de diversos documentales y cortometrajes, o impartiendo clases y escribiendo sobre historia del cine.
Cine: Registro vivo de nuestra memoria nació de una preocupación personal que Toharia ya detectó cuando entró en contacto por primera vez con el campo de la preservación cinematográfica: la invisibilidad del trabajo archivístico: "Se habla muy poco de ello y a veces incluso se da por hecho, cuando es un campo que es complejo, que hay mucha gente que se dedica a ello y que es muy difícil".
"Es muy difícil transmitir la idea de por qué es necesario", admite, pero la cineasta lo ha conseguido en este brillante documental de dos horas que se estrena en 'streaming' este miércoles 19 de noviembre en Movistar Plus+ después de un largo y exitoso paso por festivales de diversos lugares del mundo.
Su inmersión en el campo durante sus especialización en preservación de cine en Estados Unidos le permitió conocer a muchas de las voces cuyos relatos funcionan como hilo conductor del documental. Especialistas en preservación cinematográfica de distintas instituciones como la Filmoteca Española, La Cinémathèque française, The Film Foundation, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos o Kiarostami Foundation, entre un largo etcétera, así como directores de cine como Costa-Gavras, Fernando Trueba, Bill Morrison o Ken Loach.
El Grifilm Productions / Filmoption
Gracias a la labor a menudo desconocida de estas personas y resto de profesionales dedicados al campo, hoy podemos ver imágenes que se filmaron hace más de 125 años, pero no debemos darlo por sentado. Se requiere de "recursos económicos, personal, tiempo y la atención política" y tener en cuenta algo en lo que no se reflexiona muy a menudo y que es otro de los grandes ejes del documental: la fragilidad de nuestra relación con las imágenes en la era digital, dependiendo de tecnologías que no están pensadas para durar y sin reflexionar en lo que se pierde. "El formato digital, aunque seamos consumidores rápidos y veloces que adoptan las últimas tecnologías y los últimos móviles, no pensamos en cómo conservarlo. Es algo que la industria no ha tenido tan en cuenta", advierte Inés Toharia en su entrevista con SensaCine con motivo del documental que puedes leer al completo a continuación:
P. ¿Qué te inspiró a hacer un documental sobre la preservación cinematográfica?
Inés Toharia. Me di cuenta que de que se habla muy poco de ello y que a veces incluso se da por hecho, cuando es un campo que es complejo, que hay mucha gente que se dedica a ello y que es muy difícil. Es muy difícil transmitir la idea de por qué es necesario, quien se ha dedicado a ello... Y realmente fue a raíz de conocer a distintos archivistas y audiovisuales, que son los que trabajan en preservación y hacen una labor como muy callada pero fundamental.
Son gente que controla un montón de técnica y de historia, muy rica y con intereses, y la industria siempre ha estado un poco como de espaldas a todo el oficio. Entonces, dándole vueltas sobre cómo se podría contar esto, pensé que un documental podría ayudar. Que ya que el cine es tan visual, poder ponerles cara y contarlo. Fue un poco así, pensando en cómo transmitir la idea de ese campo que es superrico pero que generalmente se desconoce. Se da por hecho, pero es que no se conoce toda su amplitud porque abarca un montón de cosas.
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P. ¿Sentiste también que existía urgencia por dar a conocer la importancia de la preservación cinematográfica y que la gente sea consciente de ello y las consecuencias?
I.T.: Sí, porque estamos en un momento en que la sociedad es muy audiovisual. Y ahora mismo con los móviles generamos audiovisual también. Todo el mundo es consumidor, pero también realiza y guarda. Igual que antiguamente había Super 8 o vídeo para los vídeos familiares, ahora todo el mundo graba en su móvil. Entonces te das cuenta de que ha cambiado muy rápido, han evolucionado muy rápido tanto la tecnología como los consumidores de estos productos de tecnología, sin pensar nunca en cómo se va a guardar eso. Entonces estamos perdiendo archivos digitales que algunos igual no tiene mucha importancia, pero otros sí que son muy relevantes y se deberían de guardar.
Los formatos digitales van evolucionando y cada vez la calidad es mejor, pero no estamos pensando en cómo guardar eso, si vale la pena o qué pasa con ese archivo o qué vida tiene. Entonces es un momento muy raro, incluso en las grandes producciones de Hollywood a la hora de preservar su trabajo, puesto que es muy costoso de realizar. La ironía es que se está pasando mucho de las producciones que se realizan, que se producen en digital y se proyectan en digital, las están pasando a fotoquímico. Entonces el fotoquímico, que parece que ha desaparecido, se sabe hoy por hoy que si se conserva bien en unas condiciones estables, con humedad relativa, controlada y fresco, pues puede durar muchos años. En cambio, el formato digital, aunque seamos consumidores rápidos y veloces que adoptan las últimas tecnologías y los últimos móviles, no pensamos en cómo conservarlo. Es algo que la industria no ha tenido tan en cuenta.
Somos una sociedad muy rápida. Enseguida abrazamos la nueva tecnología, pero no pensamos tanto en el pasado y hay muchas cosas que son fundamentales que hay que guardar
Va a haber un momento, y yo lo he pensado mucho, que igual perdemos mucha información en ese cambio al digital, que igual no sobrevive. Porque hemos llegado un poco tarde o no hemos sabido guardarlo como se debería guardar. Los archivos han sido fundamentales porque ellos sí que han creído en ello y han ido guardando, pero en cuanto contenido que generamos nosotros como personas, no sé. Siempre pienso eso, porque muchos archivistas lo dicen: la gente que filma los primeros pasos de sus hijos, los Super 8 han sobrevivido, pero ¿esos primeros vídeos de un móvil que ya ha desaparecido donde están? ¿Dónde están esos vídeos que no se han guardado? ¿Cómo se guardan? Y luego está todo el vídeo que se genera, todos los vídeos que se suben a YouTube a diario, que se cree uno que eso va a estar para siempre. Bueno, YouTube es una empresa. Confiamos ciegamente en la tecnología.
Hay que pensar y recapacitar que las imágenes también tienen algo de lo que se puede aprender. Con el cine del pasado puedes ver cómo éramos, qué hacía gente parecida a ti, o contextos con las guerras que tanto se repiten. Pues mira para atrás, mira por qué estamos repitiendo, qué pasó. Como somos una sociedad un poco descreída, un poco 'Si no lo veo, no lo creo', pues vamos a mirar atrás. Y yo por eso veía que era muy bueno valorar, poner en valor todo lo que ha sido el medio audiovisual hasta el día de hoy y qué se está haciendo para que eso dure para el futuro.
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P. ¿Cómo fue el proceso de investigación y documentación y cómo seleccionaste a las personas que querías que fuesen las voces del documental?
I.T.: Cuando me especialicé en preservación, que es cuando conocí más el campo, llegué porque me interesaba mucho el archivo. Me fascinaba todo lo que fue la imagen de archivo, pero una vez allí, que de hecho la primera vez que que me encuentro con el campo fue en la Filmoteca de Catalunya, en Barcelona, me explicaron un poco y entonces me fasciné y pedí una beca. Me formé en Estados Unidos y conocí a todos los archivistas. Entonces a mucha gente [que aparece en el documental] la conocía personalmente o ellos a su vez conocían a otras. Fue un poco como una red que iba creciendo, porque ellos saben que ese campo no se conoce y saben lo fundamental que es.
A medida que me íbamos hablando, se iban abriendo más y, aunque me había preparado muy bien los temas que íbamos a tratar, salían muchos más. Se iban abriendo más posibilidades, más ideas, y con el metraje que utilizábamos igual.
Yo sabía que tenía que ser muy internacional para reflejar como todo el mundo colabora en cualquier punto del planeta y que todos tienen los mismos problemas y desafíos. Eso era muy importante y por eso quería que fuera un poquito como un crisol, como lo son las restauraciones fílmicas que utilizan fragmentos de diferentes archivos o diferentes bobinas.
Esa era la idea: hacer como un mosaico internacional muy variado y que reflejara la diversidad del cine. Por qué se hace esto y lo que entraña toda la labor de la preservación del archivo
P. ¿Cuántos años duró el proceso completo hasta que Cine, registro vivo de nuestra memoria estuvo lista?
I.T.: Fueron unos cuantos años, no calculamos que tanto. Nos pilló la pandemia cuando ya nos quedaban pocas cosas que grabar, así que tuvimos que parar y ponernos a editar. Encima era una coproducción con Canadá, con lo cual toda la postproducción iba a hacerse allí y al final tuvimos que estar enviándonos archivos con la pandemia. Lo único bueno es que nos dio un margen para ir avanzando con los derechos de imágenes, por ejemplo, e ir puliendo un poco más la postproducción. Lo que nos quitó de un lado por otro te facilitaba eso, el tener más tranquilidad en otras cosas. Empezamos a filmar como cinco o seis años antes.
P. El resultado final es un documental de dos horas de duración. ¿Cuánto metraje teníais y cómo fue el proceso de decidir qué iba a quedarse fuera?
I.T.: Cómo reducir y compactar las ideas fue un reto, porque cosas muy bonitas se tenían que quedar fuera y temas buenos también. Pero había que ser duro y decir: bueno, a ver cómo transmitimos la idea general y que sean ellos mismos los narradores. Queríamos que hablaran ellos para conocer a la gente que se dedica a ello y, aparte de archivistas, también algún cineasta que conozca y que haya estado implicado o implicada en lo que es la preservación ya sea de sus propias películas o que hayan tenido en cuenta la conservación de algún modo.
Luego en la edición hay cosas que hay que dejar fuera sí o sí. Es el arte de renunciar. Además, yo no quería que fuera más de dos horas, porque si no iba a ser demasiado. Pero la primera versión era de tres horas y pico y de ahí es la que más sufrimos para luego ya reducirla.
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P. Volviendo al tema de la preservación y el papel de las tecnologías. ¿No deberían los avances que nos proporciona la tecnología asegurar más facilidades en la preservación que poner el material en una situación más vulnerable?
I.T.: Es el problema de la industria del cine, que siempre ha habido un estado ligado a lo comercial, a la industria. Y a veces se olvida. Los archivos cuando surgen tuvieron que defender el cine como arte: es un documento histórico, sociológico, que tiene un valor patrimonial. Y ahora ya se sabe, ya se habla de ello, pero ha costado. El problema ahora es que el audiovisual se ha convertido un poco en un producto de usar y tirar y no se está pensando en la durabilidad de esos materiales, de los contenidos, porque realmente, como es algo con lo que se comercia, es mejor que sean formatos no compatibles entre sí para que te pases al otro. Es como que nos hemos acostumbrado a que la tecnología y los archivos no duran. Cuando antiguamente las cámaras eran muy robustas y ahora mismo podríamos utilizar el cinematógrafo Lumiére o las cámaras de nuestros abuelos, que pesaban pero que aún funcionan y en las que podríamos meter un negativo fotoquímico y seguiría funcionando. Nos hemos acostumbrado a que las cosas no duran y a que hay que irlas cambiando y comprando y que encima son muy caras. Nos hemos acostumbrado al usar y tirar en vez de a guardar y reutilizar o reciclar.
No es que el progreso sea malo, porque hay cosas que ahora se pueden hacer en digital que antes eran impensables en restauraciones. Por ejemplo, la tecnología digital permite hacer modificaciones y recuperar imagen que con el laboratorio fotoquímico no se podía. Pero tenemos este otro lado, que es que no estamos pensando en cómo salvaguardar cuando sabemos que el cine es patrimonio que nos dice mucho y que merece ser guardado porque aporta mucho para el futuro. Lo estamos valorando mucho, pero a la vez no hacemos nada por guardarlo o no hablamos de ello.
Con el documental nos propusimos sacar el tema. Sacar a la gente que se dedica a ello y que lo conoces de hace tiempo y pensar por qué no nos hemos preocupado más de ello.
Por qué el cine, que es tan de mostrar, se ha olvidado de quien ha permitido que se pueda mostrar
Porque realmente en los archivos es donde se escribe la historia. Son los que han salvaguardado todo ese cine que ahora conocemos. Si no, no hubiera existido ni se hubiera guardado. Y de hecho, cada restauración digital que se hace ahora, tienes que volver a la película original y eso es un fotoquímico. Y se nos olvida que eso era material físico, la materialidad del cine, y que abultaba mucho y que está conservado en algún sitio. Es un poco entender de dónde viene todo. Como los datos digitales, que cuando se habla de nubes parece que es que no existe, que está en el aire. No, no, es que hay centros de datos enormes por todo el mundo.
P. ¿Pero qué responsabilidades podrían asumir los cineastas y las instituciones en la conservación del cine?
I.T.: Parece como que no hay diálogo. Y no porque en los archivos no se quiera, sino que es como que no se tiene en cuenta. Es raro que en los presupuestos, con lo altos que son, para realizar cine, no se incluya una partida para luego preservar esos materiales, aunque sea solo la copia final -aunque deberías conservar todo- para en el futuro poder realmente tener una una buena copia digital y saber qué hacer con ella. Pero no se no se incluye, no se tiene en cuenta.
Antes la gente lo dejaba en los laboratorios en negativo y se quedaba ahí. Y luego han cerrado los laboratorios y se han perdido muchos materiales. Pero ahora, ¿dónde está? Y muchas veces yo lo pregunto Y se agobian, dicen 'Ahí va. Es verdad. Pues no lo sé'. ¿Quién lo tiene y en qué formato está? ¿Cómo se está presentando este material digital? Entonces ahí hay un agujero raro que no sé por qué no nos hemos preocupado como sociedad.
Sé que en los archivos y las filmotecas, pero igualmente en las filmotecas conocemos muy bien la parte de la exhibición, las proyecciones de películas, pero las filmotecas también tienen sus centros de conservación, que es donde eso se deposita y se guarda. Se conservan las películas. Ese es el desconocido y es lo que igual habría que tener más en cuenta. Y que las escuelas de cine hablen, porque yo veo estudiantes de cine que cuando descubren el campo de la preservación y de los archivos se fascinan porque está muy, muy en contacto con la historia y con rellenar todas las lagunas de la historia del cine.
La historia del cine está llena de lagunas. De todo el cine mudo producido, se calcula que se ha perdido el 80%
Generalmente son los archivos los que se encargan de mirar qué se hizo, qué existió, dónde puede estar, de buscar, localizar y reescribir la historia. Y muchas veces gracias a una persona, que no son grandes instituciones, sino gente muy concienzuda. El documental es un poco un homenaje a esa gente que ha sido fundamental para nuestro patrimonio audiovisual.
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P. ¿Cómo surgió el título del documental: Cine, registro vivo de nuestra memoria?
I.T.: Lo pensamos bastante. También junto un amigo que trabaja en archivos lo hablamos mucho porque no queríamos que fuera algo negativo ni deprimente, que tanto se habla que el cine se muere. Y de repente, un día, no sé cómo, me acordé de un soneto de Shakespeare, que es el soneto 55, en el que él se dirige a la persona amada: "Cuando la ruinosa guerra derribe estatuas y el tumulto arrase trabajadas murallas, ni Marte, con su espada, ni el fuego de la guerra arderán de tu memoria este registro vivo".
Y me di cuenta de que era justo eso: como haya guerras, destrucción y fuego, algo va a sobrevivir gracias al esfuerzo de gente y gracias a la memoria. Y el registro de la memoria humana está ahí, en el cine y en los archivos. Entonces fue un poco retomar ese soneto de Shakespeare y adaptarlo al cine. Además de él, que era tan visual y que transmitía tan bien y que en el fondo mucha gente dice que hubiera sido un gran guionista.
P. Si pudieras salvar una única película, conservar solo una, ¿cuál sería? ¿Qué película es la que salvarías a toda costa?
I.T.: Qué difícil. Tendría que pensarlo. Hoy haría trampa y diría que unos cuantos cortos para juntar varios. Ahora mismo me ha venido a la cabeza La batalla de Argel, como un ejemplo, pero no sé si es la que salvaría. Quizá una variedad de cortos seleccionados para que haya un poco de todo.