Nadie quería participar en esta película, pero quien aceptó el papel llevó su interpretación a un lugar donde pocas veces había llegado
Alesya Makarov
Alesya Makarov
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Digo muchas palabrotas todo el rato (y hago vídeos también de p**** madre).

Darren Aronofsky estaba obsesionado con esta novela desde su época de estudiante. Terminaron trabajando juntos para adaptar esta historia

Summit Entertainment

Darren Aronofsky se obsesionó con el escritor Hubert Selby Jr. cuando era estudiante, un autor oscuro con tendencia a retratar el lado más vulnerable de la sociedad estadounidense. Un día en la biblioteca de la universidad, descubrió por casualidad el libro Última salida a Brooklyn y quedó impactado. Lo leyó varias veces el mismo año, y cuando entró en la escuela de cine, incluso adaptó uno de los relatos de Selby en un cortometraje.

Cuando se publicó Réquiem por un sueño en 1978, Aronofsky consiguió un ejemplar, pero solo pudo leer la mitad. Sintió que Selby estaba explorando ideas y obsesiones que él mismo quería llevar al cine, solo que vio que ya habían sido escritas por alguien mucho mejor, veinte años antes que él. Tiempo después, fue Eric Watson —productor y coguionista junto a Aronofsky en Pi— quien le insistió en que Requiem por un sueño debía ser su próxima película. Selby, por su parte, se mostró completamente dispuesto a que Aronofsky adaptara la novela.

Ahí empieza el sueño personal convertido en realidad del director. Requiem por un sueño es una de esas películas que no solo se ven… se sienten. Es incómoda, intensa y devastadora. Una película que no intenta enseñarte una moraleja, sino arrastrarte a una experiencia emocional donde tú, como espectador, prácticamente vives lo que viven sus personajes. Alesya Makarov la analiza en una nueva pieza de No es como las demás.

Autor y director se entendieron a la perfección. Aronofsky escribió su propia versión del guión, y coincidía casi en un 80% con lo que había escrito Selby, por lo que estaban bastante de acuerdo en el enfoque que le querían dar.

Nadie quiere ser un 'yonki'

La fase de casting no fue sencilla. La película era dura, incómoda y emocionalmente devastadora, y varios actores dijeron que no desde el principio. Y eso que Aronofsky no quería hacer una película simplemente sobre yonkis, lo que a él le interesaba era lo que ocurre antes y después del consumo. Los actores que supieron ver este enfoque aceptaron sabiendo que iban a llevar su interpretación a un lugar donde pocas veces habían llegado.

Jared Leto vio en Harry un personaje que podía romperlo desde dentro, y se comprometió tanto que llegó a perder peso y a vivir unos días en la calle para prepararse emocionalmente para el rodaje. Jennifer Connelly quiso alejarse de los papeles de belleza idealizada y enfrentarse a un personaje consumido por la desesperación. Marlon Wayans, conocido sobre todo por comedia, sorprendió tomando un papel dramático sin ningún alivio humorístico. Pero la interpretación que marcó la película fue la de Ellen Burstyn como Sara Goldfarb. Pasó por múltiples prótesis corporales, por trajes de aumento de peso y por largas sesiones de maquillaje. Aronofsky decía que la actuación de Burstyn era el corazón de la película.

Todos ellos participaron y fueron conscientes de que, al final, Requiem por un sueño es una película sobre los sueños y fantasías que nos construimos para no mirar directamente aquello que nos duele. Todos los personajes buscan lo mismo: esperanza. Algo que les haga creer que mañana será un día mejor. Pero en ese intento, cada uno acaba escapando de su propia realidad. La película muestra que la adicción no es solo en torno a las drogas ilegales. Puede ser heroína, café, televisión, la idea del éxito o incluso la ilusión de que todo se arreglará por sí solo. Lo que consumen no es solo una droga, es una fantasía. Una promesa de alivio rápido.

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