A lo largo de su larga trayectoria cinematográfica hasta su muerte en 1979, John Wayne tuvo la oportunidad de trabajar con numerosos directores y compañeros de profesión, siendo algunos de ellos colaboradores habituales con quienes compartió set de rodaje en numerosas ocasiones. Uno de ellos su propio padrino en el cine y amigo John Ford, junto a quien protagonizó nada más y nada menos que 14 películas. O Paul Fix, el actor que más veces compartió pantalla con Wayne en sus 26 interacciones.
Respecto a actrices, John Wayne siempre sintió una conexión especial con Maureen O'Hara, la única mujer sobre la que no solo no sentía la superioridad habitual, sino que incluso consideró su amiga.
Tras trabajar juntos en varias ocasiones, O'Hara llegó a pertenecer al círculo de confianza de Wayne, quien la consideraba "uno más" y hablaba de ella en estos términos: "Solo hay una mujer que ha sido mi amiga a lo largo de los años, y con eso me refiero a una verdadera amiga, como lo sería un hombre. […] He tenido muchos amigos y prefiero la compañía de los hombres. Excepto Maureen O'Hara".
John Wayne y Maureen O'Hara trabajaron juntos hasta cinco ocasiones: Presentados por primera vez por John Ford para protagonizar Río Grande en 1950, la pareja de actores volvería a coincidir en El hombre tranquilo, Escrito bajo el sol, El Gran McLintock y El gran Jack entre 1950 y 1971.
De todas ellas sin duda la mejor fue El hombre tranquilo en 1952, también una de las más destacadas de la filmografía de Wayne, en la que ya quedaba claro que su química era evidente.
En el clásico de 1952, John Wayne interpretaba al boxeador retirado Sean Thornton, quien regresaba a su pueblo natal en la Irlanda de los años 20 para reclamar la herencia familiar. Allí se encuentra inmediatamente atraído por una joven valiente, Mary Kate Danaher (O'Hara), cuyo hermano no está de acuerdo con la relación.
Una anécdota del rodaje de la película es que, en la escena en la que Wayne la besa por primera vez, la actriz se rompió una mano porque su personaje tenía que darle una bofetada. Pero sin duda una de las escenas que más ha dado que hablar durante las últimas siete décadas es en la que el personaje de O'Hara le susurra algo al oído al Duque que nunca llegamos a escuchar. Una frase improvisada que causó una reacción genuina en el actor, puesto que ni él sabía lo que iba a decirle.
Dado que la escena se incluyó en el montaje final, siempre ha existido curiosidad por saber lo que le dijo, pero lamentablemente ya es imposible que lleguemos a saberlo.
Inicialmente, según recordó la actriz en sus memorias, ella se negó a decir las misteriosas palabras: "¡Jamás podría decirle eso a Duke!". Sin embargo, Ford insistió en que la actriz lo hiciera para obtener una reacción de sorpresa de su compañero de reparto.
Solo ellos tres sabían cuál era la frase y todos ellos se llevaron el secreto a la tumba. No obstante, dado que el director consideraba a El hombre tranquilo su película más sensual, presumiblemente, se trataba de algo considerado atrevido a principios de la década de 1950.