Hace un tiempo parecía claro que el streaming estaba siendo un fabuloso impulso para el cine, aunque fuera a través de reducir la importancia de las salas. Gracias a las apuestas de las plataformas por aquellas películas que el Hollywood tradicional no producía, se abrían puertas para los proyectos soñados de muchos cineastas y algunos jóvenes podían dar sus primeros pasos en su carrera artística. Además, las películas que no triunfaron originalmente en taquilla podían llegar al público sin que saliese de su casa.
En Sensacine frecuentamos a comentar estas películas que de repente llegar a estas plataformas, ya sea semanas después de pasar por los cines o estrenadas directamente. Pero también comentamos a menudo cuando estas salen de las plataformas, dejándonos en la necesidad de correr para no perdernos esa joya que estaba disponible desde hace tiempo. Nada es permanente en el streaming y su oferta está cambiando continuamente por necesidad de aparentar frescura constante, pero también por temas de derechos que pagan momentáneamente.
Esto, por desgracia, añade un riesgo cada vez más patente. Que aquello que parecía ser el salvavidas de muchas películas provoque que desaparezcan. En estos momentos The Creator, una de las grandes apuestas de Disney en el terreno de la ciencia ficción, ya no se encuentra en la propia plataforma de streaming de la casa. Tampoco está en otras como Netflix o Prime Video, donde también estuvo temporalmente como parte de esos acuerdos que plataformas hacen con productoras. Si alguien quiere ver la película tiene que alquilarla en una de las plataformas que lo ofrecen o adquirirla en formato físico, opciones que el consumidor medio ya no contempla habitualmente porque el streaming ya se lo daba todo.
Lo que perdimos con el streaming
No es sólo la industria de las salas cinematográficas la que se ha visto afectada por el streaming. El mercado doméstico perdió una considerable cantidad de ingresos a partir de una competencia que ofrecía una inmensa cantidad de contenido por un precio menor, sobre todo entonces. Coleccionar DVDs o alquilar dejó de ser algo habitual a ser capricho de un nicho muy concreto, que ahora crea comunidades apasionadas por las novedades de editoras que editan títulos de catálogo u olvidados por estudios que no consideran este mercado lucrativo. Estudios que siguen sacando novedades, especialmente de los blockbusters más codiciados, pero no se le escapa a nadie que su interés en seguir alimentando este mercado es cada vez menor.
Es complicado desafiar la lógica. El streaming es más barato a todos los niveles porque no hay que fabricar discos y embalaje que luego hay que mandar a tiendas, y los derechos a pagar a autores y actores son menores. Matt Damon explicó en una entrevista con Hot Ones que el mayor impacto que ha habido en la industria cinematográfica ha sido a raíz de la desaparición del DVD, o que este se volviera de nicho, ya que muchas veces las ventas compensaban lo que no se había recaudado en taquilla. Un cierto tipo de película, adulta y menos blockbuster, se producía porque se podía rentabilizar luego. Cuando esta película pasa a ser parte de un catálogo, el usuario ya no paga por ese título concreto, y este se vuelve menos lucrativo y, para Hollywood, menos necesario.
Pero hay películas que ni siquiera tienen la red de seguridad de este nicho. Muchos títulos estrenados directamente en digital o en streaming no tienen una edición física ni pueden verse en otro sitio que en la plataforma que las producen. Es una exclusividad que las hace vulnerables, porque en el momento que no sean rentables pueden ser desechadas y dejar de estar en circulación. Al menos, legalmente, ya que la piratería todavía existe y mantiene estos títulos fuera de la desaparición total forzada por el mercado.
Disney+ elimina una película de ciencia ficción de 50 millones de dólares solo 7 semanas después de su estrenoPero lo ilegal no debería ser el último recurso para estas películas, o que puedan verse el día de mañana como películas como Crater, que no estuvo más de siete días estrenada en Disney+ y pasó a ser eliminada del catálogo. Después de ese hachazo, no había otra vía legal para verla. Una precaria situación a la que se pueden enfrentar muchas más películas cuando los catálogos de muchas plataformas crezcan por encima de sus posibilidades.
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