¿Sabías que el primer modelo de la Estrella de la Muerte casi termina en la basura? Aunque parezca difícil de creer, después de terminar el rodaje del Episodio IV - Una nueva esperanza en 1997, nadie consideró la idea de conservar esta icónica estación espacial que ya se ha convertido en un icono del cine de ciencia ficción.
Afortunadamente, el coleccionista de objetos de Star Wars Gus Lopez conserva actualmente la famosa pieza. Pero este coleccionista también admite que la Estrella de la Muerte pasó por muchas manos antes de llegar a él. Lopez contó en un reportaje con The Comlink cómo Lucasfilm casi pierde la nave. "No tenían vigilancia de todo el material que crearon. Mucho fue regalado, otras cosas se tiraron. Esto fue un ejemplo de algo que, básicamente, tiraron", explica el coleccionista.
Así se salvó la Estrella de la Muerte
En un principio, la productora de la película ordenó que la estación espacial fuera desechada junto a otros objetos de la saga galáctica que se guardaban por entonces en un almacén. Parece increíble pensar que gran parte del material utilizado en la película original estuviera almacenado en un lugar llamado 'Dollar Moving and Storage' y que el estudio ordenara su destrucción con el fin de ahorrar costes. Los objetos terminaron en los Ozarks de Misuri.
En 1988, Todd Franklin era un universitario que trabajaba en la televisión local. Estaba haciendo un reportaje sobre tiendas de antigüedades y así terminó en Mexican Hillbilly, donde vio la Estrella de la muerte. Franklin estaba dispuesto a comprarla, pero no fueron capaces de llegar a un acuerdo sobre el precio, así que ahí se quedó el prototipo. Semanas después, la tienda pasó a manos de Star World y la Estación Imperial terminó en un cine de Misuri.
Actual conservación y propietario
El objeto ha pasado por varias manos a lo largo de los años. En 1994, cuando el cine estaba a punto de cerrar, Franklin -que no había olvidado el objeto en todos estos años-, llamó a unos amigos y los tres se convirtieron en los orgullosos propietarios del prototipo. Pero aquí no terminó su camino. Años después la propiedad pasó a Gus Lopez, un supercoleccionista de Seattle, donde permanece actualmente -si no ha habido novedades de las que no estamos informados-.
Lopez la preserva con mucho mimo y hasta le ha construido una vitrina a su medida. Le ha puesto una luz y, cuando presionas el interruptor, suena la marcha imperial.