Antes de llegar a la adolescencia, Adrien Nicholas Brody ya había empezado su andadura profesional: con un pequeño kit de magia, empezó a ir a fiestas de otros niños a hacer su show, en el que se llamaba El Increíble Adrien. Obviamente, sus padres decidieron apuntarle inmediatamente a clases de actuación, y poco después, a los 13 años, le ficharon en su primera obra de teatro que se representaba en Nueva York, Family Pride in the Fifties. Ese mismo año, protagonizó su primera película: El Increíble Adrien era más increíble que nunca.
El Increíble Brody
La película en cuestión, de 1988, se llamó Home At Last, y se emitió por la cadena PBS. En ella, conocemos la historia de un huérfano neoyorquino que llega a Nebraska, donde es adoptado por una familia de inmigrantes suecos que acaba de perder a su hijo por el tifus. Por supuesto, Brody aprovechó la ocasión para sacar a la luz sus trucos de magia: quizá fuera su única aparición en una película y tenía que aprovecharla como fuera, al fin y al cabo.
No lo fue, claro: ese mismo año apareció en un episodio de la serie Annie McGuire (que no os suena porque fue tal fracaso que solo emitió 8 de los 11 episodios que se rodaron) y el año siguiente debutó en pantalla grande con Historias de Nueva York, concretamente en el segmento dirigido por Francis Ford Coppola. Era solo cuestión de tiempo hasta que tuviera su primer gran papel, y se lo ofreció Steven Soderbergh en El rey de la colina, allá por 1993.
Desde entonces, ya sabéis lo que su carrera ha dado de sí: ha ganado dos Óscar (por El Pianista y The Brutalist) y se ha convertido en una de las caras más reconocibles del mundo del espectáculo. Ahora, más que nunca, se ha convertido en El Increíble Adrien, ¡y sin necesitar trucos de magia!