Estuvimos muy cerca de no tener nunca Harry Potter y la piedra filosofal. Mucho más de lo que cualquiera de nosotros puede creer. En un principio, JK Rowling se negaba a vender los derechos, porque creía que eso les daría control sobre el resto de la historia y le permitiría a Warner hacer secuelas no hechas por ella (algo que pasó después, con el videojuego Hogwarts Legacy). Cuando finalmente decidió firmar, se encontraron con otra sorpresa: Steven Spielberg, que iba a ser el director, quería hacer o bien una película animada, o bien una que mezclara varios libros a la vez. Que la película (dirigida finalmente por Chris Columbus) saliera bien fue casi casualidad.
Podríficus totalus
Columbus consiguió el puesto tras batallas con otros 25 directores, y lo hizo de la manera más inteligente: además de convertirse en un fan de la saga (o, bueno, de los tres libros que había en aquel momento), pidió que le entrevistaran el último para dejar así una buena impresión final y que le tuvieran fresco. ¿El resultado? 125 millones de dólares en sus manos para hacer esta primera parte y no meter la pata.
Curiosamente, todo este dinero no fue suficiente para llenar el Gran Comedor cada día de comida nueva. Tal y como declaró Warwick Davis, que interpretaba al profesor Flitwick, "rodábamos tres o cuatro días, y el primer día te servían un plato con comida y mucha carne, vegetales y patatas asadas, y podías comértelo. El día siguiente te decían 'No te comas la comida'... Simplemente finge, lleva aquí toda la noche. El cuarto día, podías oler el Gran Comedor antes de que entraras. La comida era la misma y tenía un olor increíble". Yikes.
No le debió causar mucho trauma, porque Davies es el único de los actores originales que volverá a la serie de HBO de Harry Potter a repetir su papel original. ¡De algo hay que comer!