Puede que Stephen King acabara enfadadísimo por lo que Stanley Kubrick hizo con El Resplandor, pero lo cierto es que al firmar el contrato el mítico director ya dejó más que claro por escrito que podría cambiar lo que le diera la gana de la novela. Al fin y al cabo, ya había rechazado El Exorcista, que se convirtió en un éxito de crítica y público, y no estaba dispuesto a dejar pasar el tren del terror. Pero tenía que ser a su manera, le gustara al escritor o no. Años después, King se cobró su particular venganza (más en el espectador que en Kubrick) haciendo su propia versión de cuatro horas y media.
Aquí tú eres el King
Por mucho que al novelista no le gustara, lo cierto es que El Resplandor ha pasado a la historia como lo que es: una obra maestra del terror. Como venía siendo habitual por aquel entonces, eso sí, los actores tuvieron que pagar el precio por hacerla exponiéndose a la manera de rodar de Kubrick (especialmente la pobre Shelley Duvall). Rodajes larguísimos, planos repetidos una y otra vez y, por supuesto, un perfeccionismo extremo.
Como parte de este perfeccionismo está el laberinto en el que Jack persigue a su familia. Kubrick era consciente de que no podía utilizar nieve real, así que la fabricó él mismo utilizando 900 toneladas de poliestireno aplastado y mezclado con sal, que creaba una consistencia similar. ¿Y de dónde salió la gran mayoría? Del rodaje de El imperio contraataca, donde se había utilizado para simular el planeta helado de Hoth. De una galaxia muy, muy lejana a un hotel muy, muy embrujado.
No fue la única muestra del perfeccionismo casi absurdo de Kubrick: para cada versión internacional, el director rodó distintas imágenes de la máquina de escribir con otras frases distintas a la original ("All work and no play makes Jack a dull boy"). En España nos tocó "No por mucho madrugar amanece más temprano", por ejemplo. Oye, pierde en terror pero es innegable que gana en sonoridad.