Es complicado tener margen de actuación como actor cuando el público te decide encasillar en una determinada área. Una en la que hay evidente brillo, pero es sólo una parte del rango que un intérprete puede exhibir. Pero cuando se tiene éxito en algo muy concreto, como puede ser la comedia, puede ser imposible moverse.
Algunos consiguen a través del factor sorpresa y el trabajo notable romper los prejuicios que evitan que el público acepte algo distinto. Hoy en día nadie con cierto conocimiento de cine duda de que Takeshi Kitano es un gran icono completo, tanto como cineasta consumado como cuando ha querido ponerse ante las cámaras como gangster o violento (anti)héroe de acción.
Unas risas devastadoras
Pero su esfuerzo le llevó conseguir esta capacidad para poder hacer lo que quiera. Antes de tener alcance global con su cine era una gran estrella en Japón como cómico. Tanto éxito tenía haciendo los shows de comedia y luego haciendo reír en televisión que el público de allí tenía complicado aceptar que pudiera hacer otra cosa.
El baño de realidad le llegó pronto en su intento de hacer cosas distintas. Kitano fue parte de la ambiciosa co-producción japonesa y estadounidense Feliz Navidad, Mr. Lawrence, protagonizada por David Bowie. El antiguo cómico interpretaba a un imponente aunque amigable sargento que debía ser intimidante además de misterioso.
El actor se coló en un pase de la película en Japón para ver la reacción del público, y para su sorpresa su gozo acabó en un pozo. Su primera aparición en pantalla fue recibida con risas, “como si estuviese haciendo un monólogo” tal y como explicó el propio Kitano en una entrevista con Alex Simon. Los exabruptos de carcajadas le causaron una sensación de devastación.
Vuelve a televisión el programa de caídas y tortazos con el que muchos crecimos: ahora actualizado y sin racismoEn lugar de conformarse y especializarse en seguir haciendo comedias, Kitano decidió romper esta percepción aceptando sólo papeles serios, oscuros y/o villanescos. Le llevó diez años en esta clase de papeles para que el público empezase a tomarle en serio como actor, algo que propició luego su aclamada carrera como cineasta.
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