James Cameron no suele entender de medias tintas y de no recurrir a medidas extremas para cualquier aspecto de su vida creativa (y quien sabe si personal). Es imposible tener cierta contención y luego acabar haciendo las películas que hace, tan descomunales en su escala como arrolladoras en su éxito.
De Terminator a Avatar pasando, como no, por Titanic, todo debe realizarse como si fuese a cambiar el mundo para siempre. Al menos, son películas tan inmensas que dejan la impresión de que está haciendo algo nunca visto. Y es producto de una dedicación extrema con la que no debe ser cómodo convivir.
Cortar por lo sano
Hacer la misma Titanic no fue una experiencia realmente fácil o cómoda. Desde construir una réplica del barco 10% más pequeña para luego destruirla, hasta tener al reparto en tanques de agua a temperaturas bajo cero, todo se realizó con una intensidad que luego se termina reflejando en un espectáculo grandioso y límite.
Pero era tal la inversión que podría haber sido realmente catastrófico de no salir. Durante largo tiempo, antes de cimentarse el éxito, se hacía la broma de que Titanic iba a ser su La puerta del cielo, un fracaso histórico dentro de Hollywood. El director claramente quería demostrar que se equivocaba, pero no iba a estar seguro hasta que terminase de montar la película.
“Fue en defensa propia”: James Cameron ganó tantos Oscars en una noche que casi decide romper uno para pegarle a Harvey WeinsteinDurante tiempo circulo el rumor de que al lado en la sala de montaje Cameron tenía siempre a la vista una cuchilla de afeitar. Esta iba acompañada de una nota que decía “Usar sólo si la película apesta”. Si se refería a cortar el propio celuloide de la cinta o autolesionarse es algo que queda en la imaginación del espectador, pero James confirmó la leyenda en una ronda rápida de preguntas de verdadero o falso para el New York Times. Nadie tenía la certeza de esto hasta ahora, aunque tampoco es que hubiese mucho espacio a la duda.
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