Ahora estamos más que hechos a las secuelas tardías. Estamos acostumbrados a series que renuevan por una nueva temporada décadas después de la original, reboots y reuniones de absolutamente cualquier cosa que haya tenido un poco de relevancia cultural. Sin embargo, en 1986 fue una sorpresa absoluta que Paul Newman insistiera sin parar en hacer una secuela de El buscavidas, pero ambientada 25 años después. A los mandos puso a Martin Scorsese, su nuevo compañero fue el entonces casi novato Tom Cruise y la llamó El color del dinero. Y triunfó... incluso en lugares donde no creía que lo haría.
Bola negra en el agujero
Un lustro después del estreno de El color del dinero, en otro despacho muy distinto, John Carmack, John Romero y Dave Taylor daban el pistoletazo de salida a la programación del que se convertiría en uno de los videojuegos más influyentes e importantes de todos los tiempos: Doom. Si nunca has jugado, baste saber que se trata de un shooter en primera persona que utilizaba un motor de juego en 3D que entonces era totalmente nuevo y que, cuando se publicó a finales de 1993, cambió la industria para siempre.
Sin embargo, y aunque la saga sigue publicando nuevos juegos a día de hoy (el último, Doom: The Dark Ages, del año pasado), nadie se explicaba del todo el por qué del título en cuestión. Sin embargo, Carmack tiene una respuesta de lo más sorprendente: "Hay una escena en El color del dinero donde Tom Cruise aparece en los billares con un palo a medida dentro de un maletín. '¿Qué tienes ahí?', le pregunta alguien. 'Doom' (en inglés, claro, pero si no la historia no se entiende), responde Cruise con una sonrisa chulesca. Eso, y la masacre resultante, fue como vi que lanzábamos el juego al mercado".
Probablemente, por cierto, Cruise haya jugado a Doom, porque se sabe que por aquella época estaba tan enganchado a Marathon, el juego de Bungie, que en 1994 llamó a las oficinas pidiendo ayuda porque se había quedado atascado. ¿Jugaría al juego al que dio nombre? Ojalá.