Durante años, estuve afirmando que el final de Origen estaba más que claro: Cobb no estaba en un sueño, porque al final de la película, tras los títulos de crédito se escuchaba cómo el tótem caía. Lo he repetido en innumerables ocasiones hasta que, al volver a verla en streaming, me quedé sin saber qué decir: ya no hay tótem cayendo, sino, simplemente, la nada. Entonces, ¿por qué recordaba un final distinto? ¿Era un recuerdo distorsionado? ¿Un efecto Mandela?
Is this the real life?
Se ha hablado mucho del final de Origen, y de si Cobb había vuelto a la realidad o no, dando distintos argumentos: la edad de los niños, su ropa, la falta de anillo en el dedo... Pero, para mí, hay una prueba definitiva que muestra que Christopher Nolan nos quiso enseñar que el personaje ya había abandonado el sueño: el tótem, justo en los últimos segundos, empieza a trastabillarse y a perder el equilibrio, mientras que en el sueño se mantenía siempre en pie.
Sin embargo, hay una prueba aún más fehaciente: cuando la película se estrenó en 2010, se envió a los cines con tres variantes distintas al azar. La primera es la que tenemos, los títulos de crédito pasan y la película acaba. En la segunda, había una pantalla en negro donde, durante un segundo y medio, podíamos escuchar el tótem cayendo. En la tercera, una escena de tres segundos donde veíamos físicamente el tótem a punto de caer y una pantalla negra escuchando cómo pasaba.
Aunque Nolan y el resto de actores siguen jugando al despiste incluso a día de hoy, en su día este truco de marketing se hizo esperando que la gente repitiera para comprobar sus teorías. Pero realmente, visto ahora, no importa si era un sueño o no: el protagonista deja el tótem atrás, porque le da absolutamente igual, y la película espera que a nosotros, como público, también nos de igual.