Telenovelas de gran éxito ha habido muchas. Muchísimas. La dama de rosa, Cristal, Topacio, Rubí... Pero solo una ha logrado entrar en el Libro Guiness de los Récords como la más exitosa de todos los tiempos. Fue emitida en más de 180 países y doblada a 25 idiomas. Tiene unas 28 adaptaciones alrededor de todo el mundo, convirtiéndose, también, en la telenovela más adaptada de la historia.
Yo soy Betty, la fea tiene un total de nada menos que 335 capítulos. Se emitía de lunes a viernes a las 21:30 h en el canal de televisión colombiano CRN; el primero, el 25 de octubre de 1999. El segundo, el 8 de mayo de 2001.
"El éxito de Yo soy Betty, la fea en Colombia no fue solo un hit televisivo, fue un estallido social. La devoción era tal que las emisoras de radio transmitían el audio en directo para aquellos que no lograban llegar a casa a tiempo para la emisión", explica Carlos Ochoa, presentador colombiano experto en telenovelas, en una entrevista con SensaCine.
"Nadie apostaba por ella; era una producción de bajo presupuesto y alto riesgo que, contra todo pronóstico, terminó aniquilando a cualquier competencia. El fenómeno se filtró en cada estrato de la sociedad: desde los debates políticos hasta los sermones dominicales, todos hablaban de Ecomoda. Las portadas de revistas y los titulares sobre el famoso "maquillaje de cifras" eran el pan de cada día. Pero el verdadero corazón de la conversación nacional era uno solo: la gran transformación de Betty. El país entero contuvo el aliento, pendiente de un hilo, para ver si su heroína finalmente dejaría atrás su apariencia o si el cambio sería algo mucho más profundo", continúa.
El impacto de Betty la Fea se sentía en la calle: desde muñecas artesanales y gafas que se vendían en cada esquina, hasta el fenómeno de ver a mujeres de todo el mundo adoptando su estética y su forma de hablar.
Precisamente Ochoa pudo vivir en primera persona cómo era el ritmo cardiaco que llevaban los actores y el equipo técnico de la telenovela. "Yo mismo viví esa locura desde dentro como extra en Bogotá, donde descubrí el frenesí detrás de cámaras. Fernando Gaitán entregaba los libretos 'en caliente'; literalmente, los capítulos se grababan el mismo día de su emisión. Como no había internet, los guiones llegaban por fax y los actores recibían el papel aún tibio. Era tal la urgencia que, a veces, tenían que pegar las hojas en el suelo para leer sus líneas mientras grababan. Bajo la dirección de Mario Rivero, los actores tenían la libertad de improvisar y añadir chistes de su propia cosecha, convirtiendo ese caos creativo en el lenguaje que cautivó a toda una sociedad".
La telenovela que todo el mundo ha visto
Todo el mundo sabe ya de qué va Yo soy Betty, la fea: una joven economista muy inteligente pero muy poco agraciada físicamente entra a trabajar como secretaria en una empresa de confección. No puede aspirar a un trabajo de su valía por lo poco 'bello' de su apariencia física. La actriz que daba vida a Betty era Ana María Orozco, una mujer lejos de ser fea, pero nada que una ortodoncia, un flequillo horroroso y una sombra de incipiente bigote no ayuden.
RCN Television
La telenovela acaparó en su estreno un 40% de cuota de pantalla, llegando en ocasiones al 70%. Esto se traduce en que, en ocasiones, frente a la televisión se encontraban 25 millones de colombianos. Uno de los picos de popularidad de la serie lo encontramos en el capítulo 162, momento en el que Armando le pide una cita a Betty. En ese momento, un minuto de la telenovela tenía un precio para publicidad que costaba unos 50.000 dólares de la época.
Betty llenaba las arcas de la RCN de un modo como antes nunca se había visto. Por cada episodio, la cadena se embolsaba entre 2.800 y 3.000 millones de pesos al mes.
Uno de los éxitos de Yo soy Betty, la fea fue la inclusión de un personaje que no encajaba dentro de los cánones de belleza imperantes en la época. La actriz que daba vida al personaje, Ana María Orozco, aseguró en una entrevista al periódico La Opinión que "no me esperaba que la serie tuviera tanto éxito fuera de mi país; creo que contribuye a darle valor a la mujer por sus cualidades. Muchas 'feítas' se sienten reivindicadas; por fin les ha llegado su momento".
Yo soy Betty, la fea, se puede ver en la actualidad en la plataforma Atresplayer.