"Me emocioné mucho en la presentación en España. La gente entendió que era una película profunda e importante": llega a los cines una joya de la animación
Sara Heredia
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

Mailys Vallade y Liane-Cho Han dirigen 'Little Amèlie', una bella película que ha sido nominada al Oscar. La cinta adapta la novela más conocida de Amélie Nothomb

"Esta criatura no llora nunca, no se mueve jamás. No emite sonido alguno", escribió Amélie Nothomb sobre su propia infancia en Metafísica de los tubos. Tuvo que ser su abuela la que le diera un trozo de chocolate a los tres años para que se abriera a la vida. La novela, de obligada lectura en muchos centros educativos, se publicó en el año 2000 y ahora los directores Maïlys Vallade y Liane-Cho Han la han adaptado al cine en forma de joya de la animación, Little Amélie. La película ha sido nominada al Oscar a Mejor película de animación y llega a los cines este viernes 20 de febrero.

Aunque está a punto de llegar a las salas de nuestro país, la cinta lleva mucho trote a sus espaldas. Ha pasado por San Sebastián, Cannes, Annecy y otros muchos festivales internacionales donde ha ido cosechando críticas entusiastas hasta terminar en los premios de la Academia, lo que ha puesto la guinda final al reconocimiento de la industria y la ha presentado al gran público.

Basada en un best-seller de Amélie Nothomb, la película aborda un desafío narrativo monumental: adaptar la prosa de una autora de culto para contar, desde la mirada inocente de una niña de entre 0 y 3 años, temas tan complejos como el duelo, la posguerra y la aceptación. Lejos de proteger a la infancia de la realidad, los creadores han realizado un delicado "trabajo de equilibrista", apostando por la inteligencia de los niños para comprender la tensión y la verdad emocional, incluso cuando se abordan traumas históricos.

Fieles a una regla de oro que ha guiado su producción —"más vale intentar conmover al público que intentar impresionarlo"—, el equipo ha tejido una obra que bebe tanto de la maestría económica del anime japonés (Miyazaki, Takahata) como de la luz del impresionismo francés.

Little Amélie
Little Amélie
Dirigida por Mailys Vallade, Liane-Cho Han
Con Loïse Charpentier, Victoria Grosbois, Isaac Schoumsky
Fecha de estreno 20 de febrero de 2026
Medios
4,0
Usuarios
3,1
Cartelera y Entrada (72)

Enhorabuena por la nominación y por todos los reconocimientos que cosecha, ¿Qué tipo de reacción del público os ha emocionado más desde que la película empezó su recorrido?

Maïlys: Lo que más nos ha conmovido es ver que, aunque concentramos todas nuestras fuerzas en hacer una película emotiva, en lograr que la gente empatizara con esta niña pequeña y con la historia, el público a veces lloraba desde el principio —incluso en los momentos de alegría— y durante toda la película, a menudo por razones muy diferentes. Ha sucedido en todos los países: algunos por motivos culturales, otros por recuerdos de su propia infancia o de sus hijos, o incluso por la situación actual del mundo, que resuena con el relato de posguerra de la película. Ver que hemos logrado un relato universal tan abierto y diverso nos toca enormemente.

Liane-Cho: Totalmente. Ha sido una gran sorpresa ver esa emoción. Desde que trabajamos juntos tenemos una regla de oro: más vale intentar conmover al público que intentar impresionarlo. Queremos estar seguros de que, al salir de la película, el espectador quede marcado lo más profundamente posible, en lugar de sentir una simple caricia superficial. Que la audiencia pueda conectarse tan fuerte y humanamente con personajes que son, en cierto modo, abstractos, es un reconocimiento enorme para nuestro arte. Y por supuesto, la nominación a los Oscar fue una enorme sorpresa; somos una pequeña película francesa, no muy costosa comparada con los "monstruos" de Hollywood. Es un gran honor representar a nuestro país, a nuestra forma de hacer cine y a nuestros equipos de animación.

Maïlys: Y aunque no tenemos estrellas, quería decir que venir a España, al Festival de San Sebastián, fue muy especial. Fue el primer festival que nos seleccionó entre películas de imagen real y me sentí realmente conmovido. Lloré al final de la sesión porque la sala fue la más cálida que he conocido en todo el mundo. La gente aquí entendió que era una película profunda e importante, que era todo lo que podíamos esperar. Me emocioné mucho en España.

Lloré al final de la sesión porque la sala fue la más cálida que he conocido en todo el mundo. La gente aquí entendió que era una película profunda e importante, que era todo lo que podíamos esperar. Me emocioné mucho en España
A Contracorriente

Amelie Nothomb tiene un mundo muy particular, ¿ha sido difícil darle forma de película?

Maïlys: Por supuesto. Amélie Nothomb es una autora muy famosa en Francia y este libro, un enorme best-seller de los años 2000, se estudia en las escuelas desde muy temprano. Quizás sea su obra más accesible para los adolescentes, por lo que es leída por muchísima gente. Adaptar un best-seller es muy difícil. Tardamos varios años: leímos, releímos, escribimos y reescribimos la película entera varias veces. Es un libro pequeño, pero con muchas temáticas interesantes: el periodo de 0 a 3 años, la figura del padre, la conexión entre Nishio-san y Amélie, la aceptación y la situación de posguerra mundial. Tuvimos que reconfigurar toda la estructura —también en función de nuestras limitaciones financieras y de tiempo— para centrar el camino en la relación entre Amélie y Nishio-san, abordando la muerte y el duelo de forma accesible tanto para adultos como para niños. Ese equilibrio fue lo más difícil. Caminamos sobre cáscaras de huevo durante toda la producción para medir la violencia que se puede aceptar como adulto y la que se puede recibir como niño; esto fue determinante para la escritura y adaptación de la historia.

Liane-Cho: Es una presión enorme adaptar a una autora tan conocida, pero tuvimos suerte: Amélie considera que sus libros son sus hijos y las adaptaciones, sus nietos; y ella nunca se inmiscuye en la educación de sus nietos. Esto nos dio, en cierto modo, libertad total para adaptar la novela. A veces dimos pasos en dirección opuesta al libro. Por ejemplo, la última frase de la novela es "después de los 3 años ya no pasó nada", como si la vida se detuviera ahí para ella. Nosotros queríamos que el mensaje fuera el contrario: "abríos al mundo, después de los 3 años pasan cosas fantásticas". Nothomb escribe para adultos, pero nosotros queríamos hacer una película universal, para grandes y pequeños. Los niños quieren saber y no desean que se les oculten los temas difíciles. Nos toca a nosotros encontrar las claves adecuadas para abordarlos.

Los niños quieren saber y no desean que se les oculten los temas difíciles. Nos toca a nosotros encontrar las claves adecuadas para abordarlos

Precisamente, la película es un relato muy bonito acerca de la infancia, pero también trata temas muy duros como la muerte. ¿Cómo decidisteis cómo hablar de la muerte en una película para todos los públicos?

Maïlys: Lo más impactante del libro es el relato de la guerra de Nishio-san. Amélie tiene una curiosidad inmensa —que va mucho más allá que en la película— y pregunta insistentemente. Nishio-san le responde con cosas muy duras, contándole incluso que encontró trozos de sus padres al cavar. Es muy crudo, por lo que en la película tuvimos que buscar la forma de contrarrestar eso visualmente. Nosotros queríamos mantenernos a la altura de la mirada de Amélie, mostrando cómo una niña queda atrapada entre las narrativas de los adultos. Ha sido un trabajo de equilibrista: no queríamos eliminar la gravedad de fondo del relato, pero debíamos encontrar la forma de transmitirla ofreciendo claves positivas para que un niño pueda comprender situaciones traumáticas y salir adelante.

Liane-Cho: La escena donde Nishio-san cuenta su experiencia de guerra a Amélie y la disputa posterior con Kashima-san hacia el final de la película han generado comentarios. Mucha gente nos preguntó: "¿Realmente sirve de algo esta escena si los niños no entienden la Segunda Guerra Mundial?".

Es cierto, no la entienden intelectualmente ni la han estudiado necesariamente en la escuela, pero sienten la tensión de esa disputa muy profundamente. Mi propio hijo, que vio la película por primera vez en el festival de Annecy, salió haciéndome preguntas sobre esa tensión entre las dos mujeres. Ha sido un verdadero trabajo de equilibrista: no queríamos ser demasiado violentos, pero tampoco minimizar la gravedad.

La película ha recibido críticas maravillosas y se la ha comparado con Ghibli y Miyazaki, ¿cómo os sentís al respecto?

Maïlys: Nosotros nos construimos con las películas de Miyazaki y Takahata; la animación japonesa es nuestra preferida y todo el equipo creció viendo shonens. Aunque Miyazaki es el más conocido en Occidente, el espectro es mucho más amplio: hay muchos directores fantásticos que crean obras para adultos, no solo para niños. Nosotros militamos para que en Francia suceda lo mismo, para que la cultura cambie y la animación deje de verse solo como un género infantil. No intentamos imitar el estilo de Miyazaki o el japonés. Es cierto que la casa y la niña corriendo pueden recordar a Totoro o Ponyo, pero no era nuestro objetivo. Amamos el cine de imagen real y compartimos con Japón esa pasión por la observación de la naturaleza

Liane-Cho: Lo que admiramos de la animación japonesa es su economía de recursos: con lo mínimo —una pose, una mirada— logran expresar muchísimo sin necesidad de mover al personaje frenéticamente. Es menos costoso, pero enormemente eficaz. Nos encantan los planos cerrados, como una mano que agarra o toca algo, en lugar de mostrar el cuerpo entero. A veces, sugerir, hacer sentir u oír en lugar de mostrarlo todo resulta más expresivo. Esa fuerza de la sugerencia es una gran inspiración para nosotros.

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