Miriam Garlo gana el Goya a Mejor actriz revelación y nos da una lección: "las personas sordas no somos mudas, tenemos una voz propia"
Sara Heredia
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

La actriz no aprendió a hablar lengua de signos hasta la treintena y sus palabras al recoger el premio Goya han sido un toque de atención para todos

Miguel Córdoba / Academia de Cine

Miriam Garlo se ha hecho con el Goya a Mejor actriz revelación por su papel de madre novata en Sorda, dirigida por su propia hermana, Eva Libertad. En la cinta, Garlo da vida a una mujer que acaba de tener una hija junto a su pareja, un hombre oyente. Además de los retos comunes que supone la paternidad, Ángela y Héctor deben ponerse de acuerdo en cómo presentan el mundo a su pequeña.

Garlo ha protagonizado uno de los mejores discursos de la noche al dedicárselo a las mujeres sordas.

Sin comunicación somos muebles, no hay respeto y sin respeto somos un fracaso social como sociedad. Ningún ser humano es invisible y ninguna persona sorda es muda. Tenemos una voz propia, pero no siempre es oral. ¡Viva la lengua de signos y viva el cine accesible!

La única discapacidad que no se ve

Tras perder la audición a los 7 años a causa de una medicación, Garlo ha confesado haber vivido gran parte de su vida intentando encajar en el mundo oyente, llegando a no aprender la lengua de signos hasta los 30 años. "Era otra Miriam tratando de sobrevivir", recuerda en una entrevista en El Faro al mirar hacia esa etapa en la que se sintió incomprendida y sola. Hoy, a sus 40 años, rechaza tajantemente que se refieran a ella con el término "no oyente", argumentando que esto supone definir a las personas desde una carencia, y reivindica la palabra "sorda" como un concepto que le otorga alivio, amparo y sentido.

La actriz también aprovechó la entrevista para denunciar que la sordera es "la única discapacidad que no se ve", ya que al no requerir siempre elementos físicos visibles, como una silla de ruedas o un bastón, carece a menudo de empatía social. Esta invisibilidad genera que, en su día a día, Garlo se enfrente a la insolencia y la impaciencia de una sociedad no adaptada, sufriendo incomprensión en situaciones tan cotidianas como hacer la cola en un banco. Para avanzar hacia una sociedad más empática, la artista propone medidas concretas: impartir clases de lengua de signos en los colegios desde la infancia y fomentar una mayor inclusión en los castings, contratando a actores sordos para interpretar personajes que orgánicamente lo sean.

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