El planeta de los simios se podría haber quedado en una sola película y ya habría marcado un hito de la historia del cine, pero además tuvo cuatro secuelas, dos series de televisión, un remake, un reboot y otras tres secuelas (por ahora) de este. Y quizá nada de ello habría llegado a suceder sin el mítico final que Rod Serling, el guionista de la película y creador de La dimensión desconocida, creó para la ocasión. Sí, el de la Estatua de la Libertad en la playa y el "¡Maniacos!".
He can talk, he can talk... I can sing!
La novela original en la que se basa la franquicia (de manera, todo sea dicho, muy superficial) acaba de una manera muy diferente: en ella, efectivamente, los astronautas han viajado a un planeta extraño y consiguen volver a la Tierra, donde encuentran que todo ha sido tomado por los monos. Años después, dos chimpancés encuentran un manuscrito escrito por él y lo rechazan, pensando que es imposible que lo haya escrito un humano.
El giro es bueno, pero Serling pensó que sería muchísimo mejor si el planeta en el que está fuera, efectivamente, la Tierra, y se encontrara con la Estatua de la Libertad. Esta se encontraba, a lo largo de los distintos borradores, en varios sitios antes que la playa, como la jungla. Sin embargo, el verdadero giro venía después de encontrarse con la cabeza en la playa, porque en el borrador anterior al que vimos, Sterling escribió que el personaje de Charlton Heston era disparado por un francotirador.
Entonces, Nova conseguía escapar a la zona prohibida, embarazada con el hijo de Taylor, abriendo la posibilidad de una secuela. Pero, tras mucho discutirlo, decidieron eliminar el embarazo del guion porque disminuiría el impacto del final. Los ejecutivos de Fox pensaron simplemente que sería raro y amoral, pero oye, ayudaron a crear historia del cine con su censura.