El 28 de febrero se celebró la 40ª gala de los premios Goya. Con 26% de cuota, 2,4 millones de audiencia media y 5,2 millones de espectadores únicos, la gala se colocó como la más vista de los últimos 3 años y la de mayor cuota de los últimos 6 años. Buenos números en general, aunque la crítica generalizada de la audiencia es que, a pesar de los esfuerzos de la organización para agilizar la entrega de los 'cabezones', fue aburrida y densa.
Jordi Reche, uno de los especialistas en lenguaje no verbal con más seguimiento en España, a través de Research Frontier, ha analizado las reacciones y gestos de los invitados y premiados en los momentos clave. Entre otras intervenciones clave, Reche ha destacado la falta de química entre los invitados de este año, Rigoberta Bandini y Luis Tosar.
"Numerosas han sido las voces que han hablado sobre la falta de encaje o acople entre ambos. Y es que hemos podido ver a ambos siguiendo tal vez de manera muy estricta el guion al pie de la letra", ha señalado Reche, "Sin espacio a momentos de distensión o más relajados desde donde es más fácil que fluya la química entre las personas".
Por eso los hemos visto muy tensos y rígidos, y hemos visto cierta frialdad escénica. Esto se ha reflejado en que apenas ha habido miradas o contacto entre ellos, que sí hubieran surgido espontáneamente si por ejemplo hubiera habido más química, ensayos o contacto entre ambos
El experto también ha asegurado que eran demasiado diferentes para encajar, aunque seguramente fuera eso lo que pretendía la organización. "Además, aquí tenemos el factor de que ambos provienen y tienen dos estilos de comportamiento muy diferenciados entre sí. Rigoberta es más “pop”, más histriónica, más ruidosa en el sentido escénico. Luis es más sobrio, más frío, más contenido. Este tipo de mezclas pueden tener como resultado que desde fuera veamos a dos personas en dos frecuencias distintas, como si cada una formara parte de su mundo", cuenta el especialista.
Las polémicas declaraciones de Macarena Gómez y Aldo Comas
Seguro que has visto en redes el vídeo de la alfombra roja en el que Aldo Comas, marido de Macarena Gómez, se quejaba de que nadie mencionaba "los 50.000 muertos que ha habido en los dos últimos meses en Irán. Veo muchos pins de todo, pero de eso no". También ha comentado que en su gremio hay "bufones, cantantes, pintores y actores", así que "que opinen los demás". Gómez, que estaba a su lado escuchando, solo ha dicho una gala de premios de cine no era el momento para hablar de eso.
"Lo dijo tras escuchar con una incomodidad notoria a nivel de lenguaje no verbal las palabras de su marido, que hablaba sobre la según él falta de atención mediática en algunos conflictos", ha analizado Reche.
Su incomodidad la vimos reflejada sobre todo en cómo se pasó todo el tiempo dando vueltas y jugando con un anillo. Este gesto se conoce como gesto adaptador.
"Es un gesto que hacemos inconscientemente de manera repetitiva, y nos sirve para evadirnos o distraernos cuando estamos viviendo algún tipo de negatividad. Vérselo hacer a ella nos deja claro que la incomodidad que estaba sintiendo era auténtica y no impostada", ha añadido, "Además, no puede evitar hacer una risa cuando finaliza su frase. A menudo esto es un mecanismo de auto regulación: para compensar la negatividad que estamos viviendo, el cerebro “ordena” que sonriamos, y de esta manera compensamos esa negatividad".
La emoción en los discursos y la falta de tiempo
Gran parte del tiempo que dura la gala de los Goya se va en los discursos de los premiados. Y no puede ser de otra manera. La ceremonia trata, precisamente, de homenajear el trabajo de todos los profesionales de la industria, así que deberían poder decir lo que quisieran al recoger el galardón sobre el escenario. Este año la organización ha estado muy encima del tiempo de los agradecimientos y eso se ha notado.
Pudimos notar cómo en algunos de ellos a la presión ya propia del momento se añadía la presión del tiempo. Esto dio lugar a que muchos discursos fueron leídos casi de forma robótica, restando espontaneidad y naturalidad a sus palabras
"Y es que no es nada fácil gestionar la emoción e impacto del momento con la petición de sintetizar un discurso de agradecimiento en apenas sesenta segundos, cuando tantas vivencias y personas se les deben venir a la cabeza a los premiados", continúa el experto.
Alba Flores fue una de las que leyó el papel al subir al escenario a recoger su Goya a Mejor Canción Original por Flores para Antonio, pero al final nos dejó uno de los momentos más emotivos de la noche. "Con un evidente nerviosismo y cierto desborde emocional, hemos visto cómo temblaba, cómo se entrecortaba su discurso y cómo toda ella mostraban una evidente agitación corporal. No suele ser recomendable salir con un papel y leerlo, pero probablemente Alba no se veía capaz de hacer su discurso de aceptación sin él", ha asegurado el analista, "Finalmente, ha cantado un fragmento de la canción su padre 'No dudaría'. La música tiene un componente emocional que potencia de una manera increíble el alcance que tienen las palabras por si solas. Terminar su discurso cantando ha sido un momento de máxima conexión con la audiencia y con el público en sus casas".