Empezar a rodar sin un guion terminado es algo común en el cine de hoy en día, pero en los 90, no tanto. Por eso Russell Crowe dudaba que Gladiator pudiera acabar bien: empezaron a rodar con 32 páginas terminadas, que finalizaron en las primeras dos semanas, y a Ridley Scott no le quedó más remedio que improvisar y pedir ayuda a todo el mundo: guionistas, productores... e incluso los actores. Así, el propio Crowe salió con la frase "Fuerza y Honor" y Joaquin Phoenix improvisó el momento de "¿Acaso no soy misericordioso?". Ante los problemas, soluciones.
¿Acaso no soy un asesino?
Por culpa de Gladiator, eso sí, todo el mundo cree que algunos eventos ficcionalizados ocurrieron en la vida real. Sin embargo, por ejemplo, Marco Aurelio no fue asesinado por su hijo, Comodo, sino que murió por culpa de la Plaga en el 180 DC en Vindobona (lo que ahora sería Viena). Pero claro, ¿cómo nos vamos a resistir a una actuación como la de Phoenix? Simplemente imposible.
Además, aunque la motivación del personaje está clara (tiene que matar a su padre si quiere llegar a ser emperador), lo cierto es que es normal sentir que le falta algo emocionalmente para llegar hasta ese momento... ¡Porque es, literalmente, así! Hay una escena eliminada en la que podemos ver a Comodo destruir con su espada una estatua de su padre para, justo después, empezar a llorar de manera incontrolable. Unos pocos segundos que habrían cambiado, o al menos dado matices, a la manera en la que le entendemos.
Al final, rodar un poco al tuntún tuvo premio, y Gladiator no solo se convirtió en la segunda película más taquillera de su año, sino también en un exitazo en los Óscar, donde ganó los de película, actor, vestuario, sonido y efectos visuales. Phoenix se quedó a un pelo, pero acabó perdiendo ante Benicio del Toro por Traffic. Se quedó a un espadazo a una estatua de ganar.