Os lo digo sin rodeos, hemos visto la mejor película de lo que llevamos del Festival de Cine de Málaga. Se trata del 'remake' de Mi querida señorita, dirigida por Fernando González Molina y con la producción de los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi. Una obra valiente y sumamente necesaria en un momento donde vivimos cierta regresión en los derechos del colectivo homosexual.
Para los que no lo recuerden, la película original fue coescrita por José Luis Borau y contaba con una atrevida e inolvidable actuación del tristemente fallecido José Luis López Vázquez. Si en su día fue un milagro que aquella historia pasara la censura franquista, esta nueva versión va varios pasos más allá.
La trama nos traslada a la Pamplona de los años 90 para presentarnos a Adela, una joven intersexual nacida con genitales tanto femeninos como masculinos. Es desgarrador ver cómo su madre, asustada desde el momento del parto, le impone una identidad y toma decisiones que la afectan profundamente, negándose incluso a llevarla al ginecólogo hasta que cumple los 20 años. El filme retrata brillantemente cómo Adela, cohibida por su entorno, busca refugio en la religión siendo catecista, intentando "resarcirse" de una identidad que la sociedad le hace creer que es un problema.
Una recomendación absoluta
Estamos acostumbrados a ver al director, Fernando González Molina, al mando de películas juveniles como A 3 metros sobre el cielo o adaptaciones literarias taquilleras como El guardián invisible, aquí nos entrega su verdadera "Opus Máxima".
El dificilísimo relevo de López Vázquez lo toma la debutante Elisabeth Martínez, quien dota a Adela de una candidez y complejidad excepcionales; ojalá la nominen al próximo Goya como actriz revelación. Junto a ella, un elenco de lujo. Me ha volado la cabeza ver a Paco León interpretando a un cura homosexual que plancha una sotana con una camiseta de la discoteca Voltereta. María Galiana emociona profundamente como la abuela de Adela, revelando en un momento muy emotivo que en la familia ya hubo otras mujeres con dos sexos. Por su parte, la siempre magnética Anna Castillo brilla como el interés romántico de Adela, protagonizando momentos íntimos que realmente te tocan el corazón.
Adela es un personaje frustrado y depresivo, pero no por ser mala persona, sino por el rechazo social, algo que se nota hasta en la incomprensión de sus propios compañeros de piso que se quejan de que no se relaciona. El guion, además, introduce sutiles pinceladas de denuncia social, como la escena del casero subiendo el alquiler en una época donde ya costaba pagar los pisos.
No os voy a engañar, he salido de la sala llorando como una magdalena, recordándome a la sensación de descubrir Entre tinieblas de Almodóvar por primera vez. Más que aleccionar, Mi querida señorita busca emocionar. Es una recomendación absoluta; si tenéis corazón y empatía, no la podéis dejar pasar.