En 1997, esta película de David Fincher tuvo uno de los finales más polémicos del momento. Ahora podemos admirar su garndeza
Randy Meeks
Randy Meeks
-Redactor de cine y series
Juntaletras acomodado, redactor con gato eterno en las piernas, tuitero irredento, millennial orgulloso a su pesar. Respira cine, cree que no hay película mejor que 'El crepúsculo de los dioses' pero en su colección de Blu-Ray no falta 'Super Mario Bros'. La de los 90.

En 'The Game', Michael Douglas recibe el regalo de cumpleaños más envenenado de toda su vida. Lo que nadie esperaba es que acabara de la manera más tonta posible y, al mismo tiempo, quizá la más inteligente. ¡Que le pregunten a David Fincher!

Puede que a no todo el mundo le guste, pero Michael Douglas adora el final de The Game. Y tiene motivos para ello, incluso años después, cuando le preguntaron por ella y respondió "Creo que de lo que estoy más orgulloso es de que sea una de las muy pocas películas de las que no puedes adivinar el final. Por eso soy tan fan de los deportes, porque nunca sabes lo que va a pasar. Puedes adivinar el final de la mayoría de las películas cuando están por la mitad". Es cierto, ojo: nadie pudo adivinarlo. Pero eso no es necesariamente bueno.

El juego
El juego
Fecha de estreno 5 de diciembre de 1997 | 2h 08min
Dirigida por David Fincher
Con Michael Douglas, Sean Penn, Deborah Kara Unger
Usuarios
4,1
Sensacine
3,5
Streaming

Acabas de perder el juego

Personalmente no podré olvidar nunca el final de The Game, en el pequeño cine de mi pueblo: Michael Douglas, superado por las circunstancias, se suicida tirándose de lo alto de un edificio, solo para darse cuenta... ¡De que todo formaba parte del juego de inicio a fin! Su hermano se había gastado un auténtico dineral para darle el regalo de la humildad. Yo, como niño de 13 años, estaba viviéndolo muy fuerte. En Hollywood, no tanto.

Durante años se ha criticado el final de The Game como algo sacado de la manga (no en vano David Fincher hizo un montón de reescrituras, de más cómicas a más perversas, tratando de encontrar la última escena perfecta), pero de hecho tiene todo el sentido del mundo: el juego es un regalo por el 48 cumpleaños del personaje de Douglas, preparado por su hermano, precisamente para recordarle que no debe seguir el mismo rumbo que su padre, que también se suicidó a los 48 años. De hecho, una de las últimas cosas que hace para sobrevivir es vender el reloj de su padre, la última reliquia que le quedaba de él.

Paradójicamente, el suicidio le debe recordar que tiene mucho por lo que vivir, convirtiendo lo que podría ser el final gris que muchos querían para la película en uno que tiene todo el sentido del mundo: el regalo de su hermano es una nueva vida, dejar de vivir con la carga de lo que hizo su padre y permitirse sonreír de nuevo. ¿Qué queréis que os diga? Estoy en el barco de Michael Douglas: una auténtica maravilla.

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