Puede que a no todo el mundo le guste, pero Michael Douglas adora el final de The Game. Y tiene motivos para ello, incluso años después, cuando le preguntaron por ella y respondió "Creo que de lo que estoy más orgulloso es de que sea una de las muy pocas películas de las que no puedes adivinar el final. Por eso soy tan fan de los deportes, porque nunca sabes lo que va a pasar. Puedes adivinar el final de la mayoría de las películas cuando están por la mitad". Es cierto, ojo: nadie pudo adivinarlo. Pero eso no es necesariamente bueno.
Acabas de perder el juego
Personalmente no podré olvidar nunca el final de The Game, en el pequeño cine de mi pueblo: Michael Douglas, superado por las circunstancias, se suicida tirándose de lo alto de un edificio, solo para darse cuenta... ¡De que todo formaba parte del juego de inicio a fin! Su hermano se había gastado un auténtico dineral para darle el regalo de la humildad. Yo, como niño de 13 años, estaba viviéndolo muy fuerte. En Hollywood, no tanto.
Durante años se ha criticado el final de The Game como algo sacado de la manga (no en vano David Fincher hizo un montón de reescrituras, de más cómicas a más perversas, tratando de encontrar la última escena perfecta), pero de hecho tiene todo el sentido del mundo: el juego es un regalo por el 48 cumpleaños del personaje de Douglas, preparado por su hermano, precisamente para recordarle que no debe seguir el mismo rumbo que su padre, que también se suicidó a los 48 años. De hecho, una de las últimas cosas que hace para sobrevivir es vender el reloj de su padre, la última reliquia que le quedaba de él.
Paradójicamente, el suicidio le debe recordar que tiene mucho por lo que vivir, convirtiendo lo que podría ser el final gris que muchos querían para la película en uno que tiene todo el sentido del mundo: el regalo de su hermano es una nueva vida, dejar de vivir con la carga de lo que hizo su padre y permitirse sonreír de nuevo. ¿Qué queréis que os diga? Estoy en el barco de Michael Douglas: una auténtica maravilla.