Nominado al Goya como Mejor actor revelación con su segunda película, Carreteras secundarias de Emilio Martínez-Lázaro, Fernando Ramallo (46 años) se convirtió en una de las jóvenes promesas del cine español a mediados de los años 90, cuando David Trueba se fijó en él en un casting y le eligió para uno de los papeles protagonistas en La buena vida. Entonces Ramallo apenas tenía 15 años y no tenía ningún tipo de formación actoral, pero había encontrado su gran vocación.
Tras aquel primer trabajo llegó rápidamente el segundo éxito y primera nominación al Goya, y por entonces Ramallo ya estaba completamente volcado con su futuro. Invirtió el dinero que había ganado en formarse como actor en escuelas de teatro y actores y se preparó para ese futuro prometedor que muchos le habían vaticinado. Sin embargo, la vida tenía otros planes.
Como en la trayectoria de cualquier actor, Ramallo experimentó el fracaso de algunos de sus proyectos, como El corazón del guerrero, pero también saboreó el éxito de otros, como Krampack. Mientras, llegaban ofertas en televisión que en ese momento decidió rechazar de forma consciente pensando que eso beneficiaría su carrera en el cine.
En una entrevista con El Confidencial en 2022, Ramallo, que actualmente sigue trabajando como actor, principalmente de teatro, recordó cómo de repente esa carrera que parecía prometedora se paró en seco.
"Aún no entiendo qué sucedió"
"Ahora me arrepiento", confesaba sobre su rechazo a los papeles televisivos que iban surgiendo. "Pero es que en aquella época, estaba mal visto que un actor de cine trabajase en televisión. […] A mí mi agente me decía que no aceptase, en especial las de adolescentes. Ahora hay fenómenos como Elite, que está hecha por gente de cine, porque casi no hay trabajo en la pantalla grande".
Entonces el teléfono dejó de sonar y nunca llegó a saber por qué, aunque ha llegado a sospechar que fue por aquella decisión de no hacer tele: "Me preocupé mucho y llegué a creer que me habían puesto en una lista negra, aunque ni siquiera era lo suficientemente conocido como para que me vetasen. Quizá fue porque por entonces la televisión empezó a ganar poder y yo les había dicho que no contasen conmigo".
Asimismo, reflexionaba el actor, también pudo tener que ver con su perfil: "Lo que pasaba es que yo tenía un perfil muy concreto y muchas veces preferían a otro. Hubo una época en la que Eloy Azorín me quitaba todos los papeles", lamentaba entre risas.
"Ser actor y estar de gira con una obra de teatro suena muy bien hasta que te tienes que pagar el alojamiento"Afortunadamente, Fernando Ramallo puede seguir viviendo de su profesión, sobre todo como actor de teatro. Además, desde hace años cuenta en sus redes sociales los pormenores de su profesión, buscando desmitificar: "Tengo la cruzada de explicarle a los jóvenes actores lo que les espera, porque en las escuelas de interpretación se venden sueños. Yo les cuento la verdad: que el 85% no van a poder vivir de esto, que aunque ganen un dinero esporádico, puede que se pasen dos años sin hacer otra peli".