Nuestra imagen mental del superhéroe está bastante modelada a partir de la imagen de Superman, un personaje capaz de hacerlo todo con determinación además de habilidades sobrehumanas. Su pasión por salvar a la humanidad empleando sus poderes era infatigable, algo completamente fuera del alcance de un mortal.
Darle vida como actor es una exigencia bastante grande, precisamente porque ningún humano es Superman y todos somos falibles. Pero, con todo, Christopher Reeve se metió gustosamente con 24 años en el inmenso y exigente reto que supone convertir a El Hombre de Acero en una realidad cinematográfica.
Un superrodaje
Reeves tuvo que prepararse intensamente para el papel, y no sólo por la enorme presión de encarnar al que muchos consideran el superhéroe definitivo. El actor se sometió a un intenso entrenamiento con el culturista británico David Prowse para transformar su cuerpo por completo y parecer un superhombre.
Ganó 13 kilos de músculo, y desde marzo a octubre de 1977 estuvo a las órdenes de Richard Donner para rodar la que era la película más ambiciosa de su era. 50 millones de dólares de presupuesto la hacían la película más cara de la historia en aquel momento, ya que a la longitud del rodaje se le sumaron efectos especiales rompedores y caros para poder dejar la sensación de que un hombre podía volar.
Cómo el Batman de Christopher Nolan cambió el destino de Superman mucho antes de Henry Cavill y David CorenswetLa extensión de aquel rodaje, que dio para empezar a rodar la secuela ya que había cierta seguridad en que sería un éxito, y las tensiones internas entre director y productores para marcar la dirección de la película fueron extenuantes. Tanto que en no pocas ocasiones se pudo encontrar a Reeves durmiendo en alguna silla cuando no estaba interpretando. Porque aparentar ser Superman no te libra de estar cansado.