Pocos actores han tenido una increíble longevidad como estrellas, siendo además completamente únicos en lo suyo, como lo ha llegado a ser Jack Nicholson. Uno de los actores más respetados y admirados de todos los tiempos, empezando su carrera en la factoría de serie B de Roger Corman donde también aprendió a escribir y realizar otros oficios cinematográficos.
Estas experiencias le han permitido tener un entendimiento profundo de las películas en las que participaba, y ayudaba a extender la visión del director a veces más allá de lo que concebían. También ha buscado trabajar con cineastas que le pusieran retos importantes, aunque pocos le plantearon un desafío como lo hizo Stanley Kubrick.
Hasta el límite
Antes de participar en El resplandor, Nicholson era consciente de la reputación de Kubrick de exigir al máximo a sus actores, con escenas que a veces requerían 50 tomas para encontrar aquella que convenciera al director. No pocas veces chocaron en la dirección a tomar con el personaje de Jack Torrance, pero el actor decidió confiar en el cineasta porque, siempre que tenía estas discusiones, buscaba experimentar para lograr algo diferente que fuese entretenido de hacer.
Con todo, Nicholson decidió rodar El resplandor en dificultad extra-difícil. En esta época el actor intentaba salir de fiesta todo lo posible aunque tuviese que trabajar durante largas horas al día siguiente. Su profesionalidad siempre iba a estar ahí, pero también era imprescindible para él divertirse, en este caso por Londres: “Estaba decidido a reducirlo todo a cenizas, noche tras noche”.
Cuando le preguntan a Jack Nicholson quién es el mejor actor de la historia, responde sin dudar: “Es obvio, hablo en serio”Hablando con The Times en una entrevista, el actor explicó que su rutina durante El resplandor consistía en “Trabajaba doce horas en la película, salía de fiesta durante ocho horas, dormía cuatro y volvía a empezar de nuevo al día siguiente”. Aun así, sacaba lo máximo de sí mismo para dar forma uno de sus trabajos más icónicos como actor.