El próximo 23 de octubre llega a las salas de cine Wildwood, el esperado largometraje del galardonado estudio de animación Laika, dirigido por su CEO Travis Knight. La cinta no solo ha sido coronada como una de las producciones más caras de la historia del stop motion y la más larga con sus 2 horas y 20 minutos de duración, sino que además cuenta con una clasificación no apta para menores de 13 años. Ante semejante despliegue, el público y la crítica volverán a volcarse en elogios hacia la tangibilidad y el valor artesanal del stop motion -especialmente en estos tiempos marcados por la irrupción de la inteligencia artificial-. Sin embargo, se suele olvidar que, aunque en esencia es un medio que escapa de lo estrictamente digital, en las últimas dos décadas el stop motion ha sabido combinar con maestría los retocar y retoques digitales sin perder un solo ápice de su magia.
Como artista de efectos visuales y 3D, mi objetivo no es desmerecer ni quitar valor al titánico trabajo físico de los animadores, sino dar visibilidad a una parte fundamental de la industria que a menudo permanece oculta al espectador.
De los orígenes del cine a la histórica nominación al Óscar
El stop motion nació de manera casi simultánea con el propio cine a finales del siglo XIX. En esencia, aprovecha el fenómeno de la persistencia retiniana o persistencia de la visión: la reproducción acelerada de fotografías individuales (fotogramas) que el ojo humano percibe como un movimiento fluido. Mientras que el estándar del cine se fijó en 24 fotogramas por segundo, en el stop motion es habitual mantener la misma imagen durante dos o tres fotogramas, requiriendo entre 10 y 12 imágenes distintas por segundo. Se trata de un trabajo extremadamente minucioso en el que un animador suele tardar un día entero de trabajo en completar apenas un segundo de película.
Desde el primer cortometraje documentado en 1897, The Humpty Dumpty Circus de Albert E. Smith y J. Stuart Blackton (hoy desafortunadamente perdido), hasta los experimentos de pioneros como Arthur Melbourne-Cooper o Segundo de Chomón en España, la técnica no tardó en expandirse. Durante la mayor parte del siglo XX, su uso principal se enfocó en secuencias de acción real para dar vida a criaturas deslumbrantes, de la mano de leyendas como Willis O'Brien, Ray Harryhausen (creador de la técnica Dynamation) o Phil Tippett con su Go Motion en la saga Star Wars.
El verdadero punto de inflexión para el largometraje de animación llegó en 1993 con Pesadilla antes de Navidad, dirigida por Henry Selick y concebida por Tim Burton. Esta película rompió todos los moldes al convertirse en la primera cinta de animación nominada al Óscar a los Mejores Efectos Visuales. Aquella nominación marcó el nacimiento de la integración del CGI (elementos 3D renderizados e integrados en el plano) y los VFX (retoque o embellecimiento del metraje real) en el stop motion moderno.
El camino continuó con la hibridación en James y el melocotón gigante (1996), la irrupción del estudio británico Aardman con Chicken Run y Wallace & Gromit: La maldición de las verduras (donde la firma MPC colaboró con más de 700 planos con efectos digitales), y el salto definitivo al cine digital con La novia cadáver. Posteriormente, la fundación de Laika Studios y el estreno de Coraline inauguraron una era dorada donde conviven títulos emblemáticos como ParaNorman, Los Boxtrolls, Kubo y las dos cuerdas, Mr. Link, Isla de perros o la reciente galardonada Pinocho de Guillermo del Toro.
Laika
Los 5 grandes trucos del CGI invisible en el 'stop motion'
A medida que la tecnología avanzaba, estudios como Aardman y Laika dejaron de subcontratar empresas externas de efectos visuales y crearon sus propios departamentos internos. Hoy en día, existen cinco grandes intervenciones digitales que se ejecutan de manera habitual en las producciones de stop motion:
1. El borrado digital de 'rigs' y soportes
Las marionetas cuentan con un esqueleto interno articulado, pero debido a su centro de gravedad no pueden mantenerse en equilibrio por sí solas. Para evitar caídas mientras el animador ajusta cada milímetro entre toma y toma, se utilizan rigs: brazos y patas articulares similares a un trípode que sujetan a la marioneta. Si bien en el pasado se intentaban ocultar mediante hilos de pescar o anclajes en los pies, hoy en día se emplean rigs mucho más grandes y estables que posteriormente se borran digitalmente cuadro a cuadro.
2. Eliminación de las juntas faciales en la impresión 3D
Para animar los rostros existen dos vías: el método mecánico (engranajes e interruptores bajo una piel de silicona) y el método de reemplazo o sustitución (cambiar piezas completas de la cara). Jack Skellington en 1993 contó con 400 caras fabricadas a mano. Sin embargo, Laika revolucionó la industria al introducir impresoras 3D de resina desde Coraline. Para ParaNorman, el personaje de Norman dispuso de más de 8.000 piezas faciales que permitían combinar hasta 1,5 millones de expresiones. La intervención digital clave aquí es el borrado de las líneas de costura o juntas que quedan entre las piezas intercambiables, un acabado impecable que salvo excepciones deliberadas (como la naturaleza mecánica de Pinocho o la propuesta artística de Anomalisa) se ha convertido en el estándar del modelo híbrido actual.
3. Extensión digital de decorados mediante croma
Los escenarios en miniatura son verdaderas obras de arte, pero el espacio físico de los platós es limitado. La cámara, los focos, los rigs y el propio animador necesitan espacio para moverse. Para recrear horizontes lejanos o paisajes inmensos, se colocan pantallas de croma detrás de las maquetas y se extienden digitalmente los decorados, imitando a la perfección la textura y los materiales hechos a mano.
4. Composición por capas y efectos orgánicos
Cuando en una escena deben figurar múltiples marionetas y el plató no permite alojarlas a todas a la vez, se ruedan por separado sobre fondo verde y se componen por capas en postproducción. Este proceso facilita además añadir efectos atmosféricos como la niebla, la lluvia o la nieve, así como elementos orgánicos complejos como fuego, humo, agua o explosiones que serían imposibles de capturar fotograma a fotograma en el rodaje real.
5. Multitudes de personajes secundarios en 3D
Animar una multitud de marionetas de fondo exige un tiempo y una concentración colosales. Por ello, las multitudes y personajes secundarios lejanos suelen ser generados por ordenador en 3D. Estos personajes digitales se modelan, texturizan e iluminan con el mismo mimo que las marionetas físicas, e incluso se les aplica una restricción de movimiento programada para simular el característico ritmo del stop motion e integrarse sin costuras en la escena.
Los efectos visuales y el CGI no restan valor al stop motion; al contrario, lo potencian y permiten llevar la narrativa a escalas que de otro modo serían inalcanzables. Aunque mi película favorita personal siga siendo la emotiva Mary and Max, estoy convencida de que el inminente estreno de Wildwood volverá a demostrar cómo la tecnología más avanzada puede ponerse al servicio de la artesanía más tradicional para mantener intacta la magia del cine.