El nombre de Luis Tosar solo sonaba en Galicia allça por 1998, cuando empezó su andadura protagonizando la serie Mareas Vivas. Nadie imaginaba que en su interior estaba el ganador de 3 premios Goya que, además, sería considerado por público y crítica como uno de los mejores actores de la historia de nuestro cine. Sin embargo, estuvo a punto de ser un eterno desconocido en España, porque en su adolescencia ni siquiera pensaba en el cine como salida: lo suyo eran las Fuerzas del Orden.
Viva el Tosar y la ley
Tal como relató en Al cielo con ella, el programa de TVE, el ejército español "era el único sitio que me ofrecía lo que buscaba cuando era adolescente". Y es que cuando cambió de instituto, y pasó de estar rodeado solo de chicos a estudiar en uno mixto, su vida se trastocó: "Estaba muy desubicado geográficamente en mi ciudad, no había nadie que yo conociese. Entonces empecé a convertirme en, pues eso, típico adolescente un poco introspectivo, raro… No acababa de encontrarme muy bien a mí mismo. Durante dos años, digamos primero y segundo de BUP, tuve ahí una adolescencia medio extraña. Y andaba mucho solo, paseaba por la ciudad solo, iba al monte solo… Se me empezó a girar un poco la cabeza".
Y claro, pasó lo que tenía que pasar en ese momento de la vida en el que no sabemos muy bien quiénes somos y no encontramos un apoyo: “Entonces me dediqué a leer libros de supervivencia. Y me iba al monte, al principio con un amigo, pero luego este amigo se echó una novia y ya tenía que irme yo solo. Entonces me iba al monte a hacer trampas para animales, cosas… Yo empecé a interesarme mucho por el único sitio que me ofrecía ese tipo de cosas, que era el ejército".
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Era algo que incluso había planeado junto a sus padres, para que le dieran el visto bueno: "Estaba esperando para cumplir los 16, porque ya había hablado con mis padres, y ellos decían: ‘Bueno, yo qué sé, fai o que querias, ¿no?’ Y me habían dado permiso, porque necesitabas permiso paternal para poder presentarte voluntario a los 16 a las COES, que son las fuerzas especiales. Es una locura absoluta. Y luego yo qué sé, dos años después ya estaba pensando: ‘Ni de coña voy a ir al ejército’”.
De hecho, acabó siendo objetor de conciencia y olvidándose para siempre de empuñar un arma con las COES... aunque se ha resarcido, por ejemplo, en películas como 1898: Los últimos de Filipinas. Un espejo a una vida que nunca tuvo.