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    Festival de Sitges 2015: Michael Fassbender dispara y divierte en el western ‘Slow West’
    Por Tomás Andrés — 15 oct. 2015 a las 10:18

    El actor hace de guía del joven KodiSmit-McPhee en el debut en la dirección de John Maclean. También vimos la malsana ‘February’ y el thriller urbanístico ‘Gangnam Blues’.

    Sitges es un Festival de Cine Fantástico, aunque como ya nos advirtió en la presentación de este año el director, Ángel Sala: “el certamen se abre constantemente hacia nuevas vías”. Y es de agradecer que este año nos haya llegado un western, cargado de mala leche, como es Slow West. El director John Maclean vuelve a aliarse con su amigo Michael Fassbender (tras el cortometraje Pitch Black Heist), para traernos esta oscura epopeya de un joven que parte en busca de su amada, a través de los Estados Unidos. Fassbender, aquí, encarna el papel de un peligroso cazarrecompensas que usará al atolondrado chico para llegar hasta su amada, sobre la cuál pesa una jugosa recompensa por asesinato. Haciendo gala de un humor negro, digno de los Coen en Fargo, el debutante Maclean nos entrega un relato breve y conciso, que golpea en la nuca al espectador (el tiroteo del tramo final parece estar filmado por el mismísimo Sam Peckinpah) a la vez que en otras le hace troncharse por lo grotesco (en un momento el protagonista es atravesado por la flecha de un indio en la palma de su mano, indígena que acabará estrellándose contra un árbol). Mención aparte merece la fotografía del británico Robbie Ryan (que también había colaborado con el realizador antes) que sabe convertir los dispares parajes de Nueva Zelanda en el lejano Oeste americano, aplicando la profundidad de campo cuando es necesario y convirtiéndola en una obra de aspecto casi teatral, en tantos otros ratos. Si hay algo negativo que sacar al filme es que tiene un escaso desarrollo de personajes, e incluso sangrante en ocasiones (ese villano encarnado por Ben Mendelshon daba para mucho más), pero poco más se puede hacer en los ochenta y cuatro minutos que dura el filme. Los que aborrecen la sobreexplicación narrativa la amarán.

    Recuerdo la primera vez que vi la serie Mad Men, y me fijé en la joven actriz que daba vida a la hija de Don Draper y en ese halo de misterio y peligro que le rodeaba. Era la típica chica que en el colegio te traería problemas, y no sólo a ti sino también a los que la rodean. Y algo así, también debió pensar el director Oz Perkins, que debuta en el largo con February, un inquietante relato de terror, que ha entrado al Festival de Sitges por la puerta grande. El realizador estadounidense ha elegido a, la ya no tan pequeña, Kiernan Shipka (la ya citada Sally Draper) para encarnar a la protagonista de este tenebroso cuento, en la que encarna a una extraña joven, cuya peculiar y errática actitud esconde un terrible secreto. La juguetona cámara de Perkins se mueve por el ambiente opresivo y malsano en el que navegan dos jóvenes muchachas, estudiantes en un internado de chicas. Todo parece confuso, cuando entra en escena una tercera (la más floja de la función: Emma Roberts), pero poco a poco, como un perfecto engranaje las piezas se van uniendo ante nuestra vista dejando estupefacto al respetable y con una congoja importante (el silencio en el Auditorio en algunos momentos era sepulcral). Mejor no desvelar nada. ¡Corran, corran a verla!

    Ya bien entrada la tarde, nos hemos acercado al cine Retiro para acudir a nuestra cita con el cine asiático del día (y es que si no se ve en Sitges, es complicado verlo en cualquier otro lugar). Dentro de la Sección Oficial órbita, que engloba otros títulos que no son cien por cien fantástico (algunos como comedia negra o el thriller) hemos visto la coreana Gangnam Blues. Y no, no es una versión del tema del cantante PSY que nos martilleó hace unos años. Se trata de una historia de gángsters ambientada a caballo entre las ciudades de Seúl y Gangnam, en el que vemos una trama urbanística que vete a reír tú de los pelotazos y fechorías de la trama Gütel. Dos hermanos muy pobres tratarán de ascender en el mundo de las bandas, favoreciendo a dos políticos rivales que luchan por la supremacía en la ciudad más emergente del país asiático. Y lo hacen de la mejor manera que saben: a base de batazos, machetazos y tiros por doquier. Una trama con grandes altibajos y una pobre dirección de actores lastran una narración, cuyos puntos fuertes son las coordinadas y explícitas peleas, en las que no faltan la sangre y las vísceras. Cabe destacar la buena factura del filme, toda una superproducción en el país del que proviene, que le hacen ganar enteros en su nota final. Un aprobado sin más. Y es que, así es la rutina en este certamen: al final siempre esperamos más al final del día.

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