Así empieza todo. Ransom Riggs y su primera fotografía
La pasión del autor de la novela, Ransom Riggs, por coleccionar fotografías antiguas es algo que descubrió cuando tenía diez años. Un día compró y enmarcó el retrato de una chica que le recordaba a alguien que le gustaba. Unos meses después, quitó la imagen del marco y descubrió en su reverso que se trataba de una joven que había muerto por leucemia.
"Esto me convenció de que las fotografías tienen vida más allá de ellas mismas y eso es realmente fascinante", afirma Riggs, "ese detalle se quedó en mi cabeza durante mucho tiempo". Años más tarde, su interés por viejas instantáneas volvió a resurgir gracias a un coleccionista que vendía fotos en un Flea Market (mercado de segunda mano) en Pasadena. "Compré un montón y me obsesioné mucho. Al principio solo tenía unas doce fotos, pero incluso ese pequeño montón -la mayoría de extraños e inquietantes rostros- fue suficiente para plantar la semilla de una idea".
Riggs empezó a coleccionar fotografías como 'hobby'; para él era una forma de "encontrar obras de arte que de otra manera podrían perderse". Pero después este coleccionista de imágenes vintage conoció a Jason Rekulak, publicista de la editorial Quirk Books, y colaboró con él en pequeños proyectos. "De inmediato me di cuenta de que Ransom era inteligente, creativo e imaginativo", dice Rekulak, "un día se acercó a mí con algunas fotografías que había encontrado, imágenes de niños de principios del siglo XX. Todas eran muy misteriosas y surrealistas; Ransom se refería a ellas como "el combustible de una pesadilla". Y entonces surgió la primera idea.