Takeshi Shudo era un guionista experimentadísimo que ya había destacado en la industria del anime como director de guion de Minky Momo o Las Aventuras de Yoko y Saki, y pensaron que era la persona perfecta para encargarse de Pokémon, una serie basada en los videojuegos de Nintendo y que tenía todos los números para convertirse en un bombazo. Como sabemos 1375 episodios después, vaya que si lo fue... aunque Shudo quería dejarse de tonterías y revolucionarla.
Pokémones, levantaos
Cada episodio de Pokémon es, poco más o menos, el mismo: aparece una nueva criatura, el Team Rocket va tras ella, Ash les vence utilizando a Pikachu. Con pequeñas variaciones, claro: hay líderes de gimnasio o Pokémon que atrapar, por ejemplo. Sin embargo, Shudo, en un estado mental bajísimo, pretendía que los infantes se fueran haciendo adultos junto a la serie... aunque para eso hacía falta cambiarlo todo. De hecho, para conseguirlo llegó a proponer dos ideas descabelladas a TV Tokyo.
La primera era terminar la serie tras la primera película, añadiendo un salto en el tiempo en el que un Ash adulto recordara su pasado y su viaje Pokémon, con todas las cosas que ya no tiene: sus amigos, la felicidad, su Pikachu. Entonces va a la cama y escucha la voz de su madre al dormir: se vuelve a convertir en niño, pero esta vez no quiere ser un maestro Pokémon, sino encontrar significado a su vida. Justo lo que queríamos ver todos tras la historia de Mewtwo, sí.
TV Tokyo
La segunda es increíble y tiene todo el sentido: los Poémon, que creen que su estado actual es de puro esclavismo, se rebelan contra los humanos y los entrenadores, a los que hacen sufrir. Así, Pikachu acaba enfrentándose a Ash... y hasta aquí pudo llegar antes de que le cortaran el grifo y le dijeran que jamás harían una historia como esa en Pokémon. Al final, Shudo acabó odiando la serie y la dejó en 2002, ocho años antes de su triste muerte. Ojalá algún día le hagan caso: puede que sus ideas fueran una locura, pero al menos hacían evolucionar algo que, de otr a manera, se va a quedar eternamente estancado en el tiempo.