Todos recordamos el terrible final de Se7en. Es uno de los mejores momentos de la historia del cine, en el que (ojo, spoilers) el personaje de Brad Pitt se encuentra con la cabeza de su mujer en una caja. Sin embargo, el director que habían contratado para rodarla, Jeremiah S. Chechik, creía en las historias cómicas y con buen corazón, así que le pidió al guionista, Andrew Kevin Walker, que cambiara el final: en él, los dos policías se encontraban con John Doe en una iglesia en llamas, y mataba a Mills como representación de la Envidia, mientras su mujer dejaba la ciudad. Años después, dijo que al escribirlo sintió que tenía que haber dejado el proyecto porque ya no era suyo. Y con razón.
Ay, cabecita loca
Por suerte, después de hacer 13 borradores, Chechik dejó el proyecto y dejó el camino abierto para que un tal David Fincher, que hasta ese momento solo había hecho Alien 3, se interesara en la película (y eso que tras el fracaso de aquella tercera entrega dijo que prefería morirse de cáncer que volver a dirigir) al leer, por error, el guion original. De hecho, cuando le mandaron uno actualizado, Fincher pidió dejarlo de lado y rodar el primero. El resultado le conocemos todos.
De hecho, las únicas modificaciones que hubo a posteriori fueron para que encajaran mejor con los estilos interpretativos de Brad Pitt (que también exigió quedarse con el final original) y Morgan Freeman. Freeman, ya que estaba, aprovechó para colar en la película a su hijo Alfonso, que interpreta al técnico de huellas dactilares. Al final, todo queda en casa.
New Line
Al final, Alfonso se hizo una carrera por sí mismo, aunque hace mucho que no aparece en algo mínimamente mainstream. Entre el dinero que le deje su padre y el que se gane él mismo puede sobrevivir tranquilamente. ¡Ah, la vida de un nepobaby! ¡Quién la tuviera!