Primate
Críticas
4,0
Muy buena
Primate

Cuidado, Ben anda suelto

por Tomás Andrés Guerrero

No es fácil convertir una premisa tan aparentemente absurda como la de un chimpancé rabioso que siembra el caos en un retiro familiar en algo más que un simple placer culpable, pero Primate lo logra con sorprendente ingenio gracias al dominio del género de su realizador Johannes Roberts. Esta película de terror, que a pesar de su enfoque deliberadamente sangriento puede verse como un divertido 'slasher', que combina tensión, humor negro y un respeto evidente por las reglas del género que la elevan por encima de otros productos similares.

Desde el arranque, Roberts nos lanza sin concesiones a un universo donde un chimpancé llamado Ben -interpretado con carisma y peligro por Miguel Torres Umba- se convierte en la encarnación animal del villano clásico de género. La decisión de utilizar efectos prácticos en lugar de CGI no solo aporta un aire nostálgico al estilo del cine de terror de los años 80 y 90, sino que también confiere a la criatura una presencia física y palpable que muchas veces hace más efectiva la tensión que cualquier efecto digital moderno.

Lo que Primate hace especialmente bien es equilibrar lo grotesco con lo descaradamente divertido. La película es consciente de su tono; nunca pretende ser una obra profunda o compleja, sino un entretenimiento visceral que abraza los excesos del género. En este sentido, cada secuencia sangrienta o cada muerte ingeniosamente ideada no solo busca provocar un sobresalto, sino también una risa nerviosa.

Johannes Roberts: experto en el terror animal

Paramount Pictures

Roberts domina cómo configurar una escena -ya sea aterradora, divertida o ambas cosas a la vez- y luego ejecutar la idea sin perder ritmo. El guion, escrito por Roberts junto a Ernest Riera, sabe que el público va a ver esto por los sustos y las muertes creativas, así que no pierde tiempo en subtramas innecesarias: su estructura no puede ser más directa y siempre encaminada a mantenerte al pegado asiento durante sus 89 minutos.

Los personajes arquetípicos personajes funcionan dentro de la lógica del 'slasher': jóvenes imprudentes, un padre entregado (interpretado por Troy Kotsur) y la inevitable serie de decisiones tontas que aumentan el peligro y la diversión. El filme utiliza esas mismas convenciones para jugar con el espectador y crear momentos tensos e hilarantes. La película es consciente de sí misma y, por ello, transforma clichés en 'gags' efectivos y escenas memorables.

El humor negro tampoco se queda en un segundo plano: está presente en la manera en que el relato abraza el absurdo de su premisa y lo convierte en parte de su atractivo. Esta irreverencia hace que Primate no solo funcione como un 'slasher' tradicional, sino que también se adentre en territorios donde la comedia y el horror se entrelazan sin parecer forzados, convirtiendo una idea tan descabellada en una experiencia satisfactoria y sorprendentemente entretenida.

Lo que diferencia a Primate de otros productos similares es la seguridad con la que Roberts maneja tanto la cámara como la narrativa. La película no se detiene a reinventar el género, pero sí se desarrolla a toda velocidad con un estilo que es fresco, brutal y cómico. El resultado es un 'slasher' que sabe lo que quiere ser: una montaña rusa sangrienta que se toma en serio su género sin tomarse a sí misma demasiado en serio.

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