A medida que se acercan las históricas elecciones de 1980 en Rodesia (hoy Zimbaue), el delicado equilibrio que durante años mantuvo una coexistencia tensa entre los propietarios de tierras blancos y los obreros agrícolas negros comienza a desmoronarse. En un país marcado por la desigualdad, la violencia y las heridas abiertas del colonialismo, la transición política despierta esperanzas de libertad y justicia, pero también temores profundos y resentimientos acumulados. En las vastas explotaciones rurales, donde la dependencia económica convive con la desconfianza y el miedo, cada gesto adquiere un significado político. Los terratenientes observan con inquietud la inminente pérdida de poder, mientras los trabajadores, tras décadas de opresión, oscilan entre la esperanza y la cautela ante un futuro incierto. Rumores, amenazas y presiones externas intensifican la tensión, y la tregua tácita que parecía sostener la convivencia se revela cada vez más insostenible.