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No esperaba que Song Sung Blue me gustara tanto. Y todavía me ganó más cuando descubrí que la historia de Mike y Claire Sardina era real, que aquella pareja existió de verdad y que Lightning & Thunder no era una invención creada para construir otra película musical basada en una historia de superación.
Hugh Jackman y Kate Hudson interpretan a dos músicos sin demasiado éxito que se conocen cuando sus carreras parecen estancadas y terminan formando un grupo tributo a Neil Diamond. A partir de ahí nace una relación sentimental y artística que atraviesa momentos de felicidad, decepciones, problemas familiares y golpes que parecen demasiado crueles incluso para una película.
La historia podría haber caído fácilmente en la condescendencia. Resultaría sencillo mirar por encima del hombro a dos artistas que no componen sus canciones y se ganan la vida imitando a otro cantante. Craig Brewer evita esa trampa. Nunca se burla de ellos ni presenta sus sueños como algo ridículo. Entiende que cantar canciones ajenas también puede ser una forma completamente sincera de expresarse.
Eso tiene especial mérito en mi caso porque Neil Diamond nunca me ha gustado. Sin embargo, los personajes consiguen que termine escuchando esas canciones de otra manera. No porque la película me convierta de repente en admirador suyo, sino porque la música queda asociada a Mike y Claire, a su relación y a todo lo que encuentran sobre el escenario.
Hugh Jackman parece hecho para un papel así. Tiene presencia, sabe cantar y posee esa capacidad de convertir a un personaje excesivo en alguien cercano. Mike disfruta actuando, necesita llamar la atención y vive cada concierto como si estuviera ante miles de personas, aunque solo haya unas pocas mesas delante. Puede resultar agotador, egoísta o demasiado obsesionado con su sueño, pero Jackman nunca permite que se convierta en una caricatura.
Kate Hudson está todavía mejor. Al principio aporta energía, humor y una naturalidad enorme en las escenas musicales, pero es en las partes dramáticas donde demuestra todo lo que puede hacer. Claire atraviesa situaciones durísimas y Hudson consigue mostrar el dolor, la rabia y el cansancio sin perder de vista a la mujer que existía antes de que su vida empezara a derrumbarse.
Juntos tienen una química magnífica. Resulta creíble que se enamoren, que disfruten cantando juntos y que también terminen haciéndose daño. La película no idealiza su relación. Hay amor, pero también frustraciones, recaídas, reproches y momentos en los que cada uno parece incapaz de comprender lo que necesita el otro.
La parte musical está muy bien resuelta. Las actuaciones tienen energía y no parecen simples números colocados para que los actores demuestren que saben cantar. Sirven para ver cómo cambia la pareja, cómo se relaciona con el público y por qué ese pequeño espectáculo se convierte en el centro de sus vidas.
Y luego está lo de Pearl Jam. Menuda pasada. Cuando Eddie Vedder los invita a actuar y Lightning & Thunder aparecen ante aquel público enorme, la película alcanza uno de sus mejores momentos. Lo más increíble es saber que también ocurrió realmente. No es una fantasía añadida para elevar artificialmente la historia: aquella pareja de Milwaukee llegó de verdad a compartir escenario con Pearl Jam.
A partir de cierto momento, la película se vuelve mucho más dura de lo que parecía al principio. Puede parecer que estamos ante una historia amable sobre dos músicos modestos que encuentran el amor y una segunda oportunidad, pero la vida empieza a golpearles sin descanso. El cambio de tono es fuerte, aunque funciona porque los personajes ya nos importan.
Es posible que algunas desgracias aparezcan demasiado seguidas y que el melodrama se note en determinados momentos. Sin embargo, cuesta acusar a la película de exagerar cuando buena parte de lo más increíble procede de la historia real. Saberlo cambia mucho la forma de verla y hace que algunas situaciones que parecerían forzadas resulten todavía más dolorosas.
La producción está muy cuidada. Los escenarios, el vestuario, los conciertos y el paso del tiempo están recreados con detalle, pero sin convertir la película en un escaparate. Todo acompaña a los personajes y ayuda a que sintamos la evolución de esa familia y de su pequeña carrera musical.
También funcionan muy bien los secundarios. No están ahí únicamente para empujar la trama, sino que forman parte de una vida llena de hijos, compañeros, músicos, representantes y personas que entran y salen mientras Mike y Claire intentan mantener unido todo aquello que han construido.
Song Sung Blue habla de perseguir un sueño, pero no desde la fantasía habitual de alcanzar la fama. Mike y Claire nunca necesitan convertirse en grandes estrellas para que lo que hacen tenga valor. Su triunfo consiste en encontrar un público, una identidad compartida y una forma de seguir adelante cuando la vida parece empeñada en destruirlos.
Me ha gustado mucho. Hugh Jackman y Kate Hudson lo bordan, especialmente cuando la película abandona la celebración musical y entra en terrenos mucho más dolorosos. Es emotiva, está muy bien hecha y consigue que acabes queriendo a sus personajes e incluso a unas canciones que jamás habrías elegido escuchar.
Hugh Jackman y Kate Hudson interpretan a dos músicos sin demasiado éxito que se conocen cuando sus carreras parecen estancadas y terminan formando un grupo tributo a Neil Diamond. A partir de ahí nace una relación sentimental y artística que atraviesa momentos de felicidad, decepciones, problemas familiares y golpes que parecen demasiado crueles incluso para una película.
La historia podría haber caído fácilmente en la condescendencia. Resultaría sencillo mirar por encima del hombro a dos artistas que no componen sus canciones y se ganan la vida imitando a otro cantante. Craig Brewer evita esa trampa. Nunca se burla de ellos ni presenta sus sueños como algo ridículo. Entiende que cantar canciones ajenas también puede ser una forma completamente sincera de expresarse.
Eso tiene especial mérito en mi caso porque Neil Diamond nunca me ha gustado. Sin embargo, los personajes consiguen que termine escuchando esas canciones de otra manera. No porque la película me convierta de repente en admirador suyo, sino porque la música queda asociada a Mike y Claire, a su relación y a todo lo que encuentran sobre el escenario.
Hugh Jackman parece hecho para un papel así. Tiene presencia, sabe cantar y posee esa capacidad de convertir a un personaje excesivo en alguien cercano. Mike disfruta actuando, necesita llamar la atención y vive cada concierto como si estuviera ante miles de personas, aunque solo haya unas pocas mesas delante. Puede resultar agotador, egoísta o demasiado obsesionado con su sueño, pero Jackman nunca permite que se convierta en una caricatura.
Kate Hudson está todavía mejor. Al principio aporta energía, humor y una naturalidad enorme en las escenas musicales, pero es en las partes dramáticas donde demuestra todo lo que puede hacer. Claire atraviesa situaciones durísimas y Hudson consigue mostrar el dolor, la rabia y el cansancio sin perder de vista a la mujer que existía antes de que su vida empezara a derrumbarse.
Juntos tienen una química magnífica. Resulta creíble que se enamoren, que disfruten cantando juntos y que también terminen haciéndose daño. La película no idealiza su relación. Hay amor, pero también frustraciones, recaídas, reproches y momentos en los que cada uno parece incapaz de comprender lo que necesita el otro.
La parte musical está muy bien resuelta. Las actuaciones tienen energía y no parecen simples números colocados para que los actores demuestren que saben cantar. Sirven para ver cómo cambia la pareja, cómo se relaciona con el público y por qué ese pequeño espectáculo se convierte en el centro de sus vidas.
Y luego está lo de Pearl Jam. Menuda pasada. Cuando Eddie Vedder los invita a actuar y Lightning & Thunder aparecen ante aquel público enorme, la película alcanza uno de sus mejores momentos. Lo más increíble es saber que también ocurrió realmente. No es una fantasía añadida para elevar artificialmente la historia: aquella pareja de Milwaukee llegó de verdad a compartir escenario con Pearl Jam.
A partir de cierto momento, la película se vuelve mucho más dura de lo que parecía al principio. Puede parecer que estamos ante una historia amable sobre dos músicos modestos que encuentran el amor y una segunda oportunidad, pero la vida empieza a golpearles sin descanso. El cambio de tono es fuerte, aunque funciona porque los personajes ya nos importan.
Es posible que algunas desgracias aparezcan demasiado seguidas y que el melodrama se note en determinados momentos. Sin embargo, cuesta acusar a la película de exagerar cuando buena parte de lo más increíble procede de la historia real. Saberlo cambia mucho la forma de verla y hace que algunas situaciones que parecerían forzadas resulten todavía más dolorosas.
La producción está muy cuidada. Los escenarios, el vestuario, los conciertos y el paso del tiempo están recreados con detalle, pero sin convertir la película en un escaparate. Todo acompaña a los personajes y ayuda a que sintamos la evolución de esa familia y de su pequeña carrera musical.
También funcionan muy bien los secundarios. No están ahí únicamente para empujar la trama, sino que forman parte de una vida llena de hijos, compañeros, músicos, representantes y personas que entran y salen mientras Mike y Claire intentan mantener unido todo aquello que han construido.
Song Sung Blue habla de perseguir un sueño, pero no desde la fantasía habitual de alcanzar la fama. Mike y Claire nunca necesitan convertirse en grandes estrellas para que lo que hacen tenga valor. Su triunfo consiste en encontrar un público, una identidad compartida y una forma de seguir adelante cuando la vida parece empeñada en destruirlos.
Me ha gustado mucho. Hugh Jackman y Kate Hudson lo bordan, especialmente cuando la película abandona la celebración musical y entra en terrenos mucho más dolorosos. Es emotiva, está muy bien hecha y consigue que acabes queriendo a sus personajes e incluso a unas canciones que jamás habrías elegido escuchar.
Podría haber sido peor.
Hugh Jackman nunca ha sido santo de mi devoción. Siempre me ha parecido un actor solvente, pero rara vez alguien que me arrastre a una película por sí solo. Aquí, sin ser deslumbrante, resulta convincente. Tampoco conocía demasiado la figura de Neil Diamond, el artista detrás de 'Sweet Carolina'. Ni siquiera hubiera sabido ponerle nombre antes de ver esta película. No consideraría esta película como un biopic, sino más bien, un homenaje. Una mirada hacia su carrera --supongo, no lo sé, no la conozco--.
A grandes rasgos, la historia es sencilla, diría que completamente convencional. Combina dos rasgos que nunca me han gustado demasiado en el cine: el romance y el musical. Nunca conecto bien del todo con esa mezcla. Siempre siento que todo se diluye en un monto de canciones poco interesantes y un sentimentalismo barato superficial. Al menos aquí encuentro algunos momentos que me devuelven a la historia cuando mi atención empieza a alejarse. No es que desconecte, pero sí está esa distancia emocional. La distancia propia de las películas que no te encantan, pero tampoco odias.
La cinematografía es, sin duda, lo más poderoso del metraje. Una delicadeza visual exquisita, una forma de capturar los espacios y las luces que convierte los planos en pequeños cuadros con textura. Es de esas obras que admiro más por cómo se ven que por lo que se ve.
Y también me ocurre algo poco habitual en mí: apreciar a todos los personajes. No podría recordar el nombre de alguno de los personajes porque tengo muy mala memoria, pero sí recuerdo sus rostros, sus gestos y la sensación de familiaridad que transmiten perfectamente.
La moderación musical es un punto positivo. Todo orbita alrededor de canciones reconocibles y pegadizas. Además, habría sido fácil caer en la saturación auditiva, pero no ocurre. Las canciones aparecen cuando tienen que hacerlo, sin convertir esto en un festival de verano que no me interesa. Se sienten integradas orgánicamente dentro de la narrativa. Es un equilibrio bien medido entre historia, drama, romance y música.
Kade Hudson está a la altura de Jackman. Ofrece lo que necesita ofrecer su personaje: ser el eje emocional y punto de apoyo para el desarrollo de la historia. No diría tampoco que su actuación sea profundamente memorable ni que vaya a quedarse conmigo mucho después de ver la película, pero funciona.
Es una obra correcta --al menos, como película en sí misma--. Agradable casi siempre. Me gusta, pero no será imprescindible ni entrará dentro de mi lista de mejores películas del mundo. Con lo que más me quedo, es con la química entre los actores.
Hugh Jackman nunca ha sido santo de mi devoción. Siempre me ha parecido un actor solvente, pero rara vez alguien que me arrastre a una película por sí solo. Aquí, sin ser deslumbrante, resulta convincente. Tampoco conocía demasiado la figura de Neil Diamond, el artista detrás de 'Sweet Carolina'. Ni siquiera hubiera sabido ponerle nombre antes de ver esta película. No consideraría esta película como un biopic, sino más bien, un homenaje. Una mirada hacia su carrera --supongo, no lo sé, no la conozco--.
A grandes rasgos, la historia es sencilla, diría que completamente convencional. Combina dos rasgos que nunca me han gustado demasiado en el cine: el romance y el musical. Nunca conecto bien del todo con esa mezcla. Siempre siento que todo se diluye en un monto de canciones poco interesantes y un sentimentalismo barato superficial. Al menos aquí encuentro algunos momentos que me devuelven a la historia cuando mi atención empieza a alejarse. No es que desconecte, pero sí está esa distancia emocional. La distancia propia de las películas que no te encantan, pero tampoco odias.
La cinematografía es, sin duda, lo más poderoso del metraje. Una delicadeza visual exquisita, una forma de capturar los espacios y las luces que convierte los planos en pequeños cuadros con textura. Es de esas obras que admiro más por cómo se ven que por lo que se ve.
Y también me ocurre algo poco habitual en mí: apreciar a todos los personajes. No podría recordar el nombre de alguno de los personajes porque tengo muy mala memoria, pero sí recuerdo sus rostros, sus gestos y la sensación de familiaridad que transmiten perfectamente.
La moderación musical es un punto positivo. Todo orbita alrededor de canciones reconocibles y pegadizas. Además, habría sido fácil caer en la saturación auditiva, pero no ocurre. Las canciones aparecen cuando tienen que hacerlo, sin convertir esto en un festival de verano que no me interesa. Se sienten integradas orgánicamente dentro de la narrativa. Es un equilibrio bien medido entre historia, drama, romance y música.
Kade Hudson está a la altura de Jackman. Ofrece lo que necesita ofrecer su personaje: ser el eje emocional y punto de apoyo para el desarrollo de la historia. No diría tampoco que su actuación sea profundamente memorable ni que vaya a quedarse conmigo mucho después de ver la película, pero funciona.
Es una obra correcta --al menos, como película en sí misma--. Agradable casi siempre. Me gusta, pero no será imprescindible ni entrará dentro de mi lista de mejores películas del mundo. Con lo que más me quedo, es con la química entre los actores.
Ha sido toda una sorpresa de película, Song Sung Blue: Canción Para Dos me ha gustado muchísimo pero muchísimo, un drama musical basado en hechos reales extraordinaria, magnífica y bonita de principio a fin. Es y oda una joya de película que merece muchísimo pero muchísimo la pena verla, tiene drama familiar, romance, música, etc y eso me gusta muchísimo. La película trata sobre dos músicos que forma una banda en tributo a Neil Diamond y tiene existo y una buena vida pero todo puede torcerse en cualquier momento, la dirección magnífica, la música es asombrosa y fabulosa que te mantendrá alegre y feliz, momentos increíbles y excepcionales pero también tristes y desgarradores, Hugh Jackman esta extraordinario y carismático y Kate Hudson deslumbra, dándonos una actuación espectacular y la química entre los dos es preciosa y fenomenal, son el pilar fuerte de la película.
En resumen Song Sung Blue: Canción Para Dos es puramente extraordinaria, toda una joya con Hugh y Kate que son lo mejor de ella.
La amo infinita pero infinitamente❤️
En resumen Song Sung Blue: Canción Para Dos es puramente extraordinaria, toda una joya con Hugh y Kate que son lo mejor de ella.
La amo infinita pero infinitamente❤️
Siempre que escuché música de por medio, todo funcionó. La química entre Hugh Jackman y Kate Hudson es remarcable. La manera en que se
spoiler:
complementan, lo hermoso que cantan, la soltura de ambos frente a frente y la conexión que transmiten sostienen los momentos musicales. Esas son las escenas más fuertes de la película.
Pero cuando la música dejaba de sonar, no quedaba yo muy convencido. La compatibilidad de los 2 protagonistas queda opacada en un guion repetitivo y abiertamente melodramático.
Sin embargo, la experiencia siempre se sintió entretenida. Llega a tocar el corazón de los amantes del género y cumple su tarea. La película no pretende reinventar nada ni posicionarse en el top de sus similares; Es una historia que va a lo seguro y no es tan sosa (gracias al trabajo de Jackman y Hudson).
Es el espíritu del homenaje lo que le otorga a Song Sung Blue una identidad. La música de Neil Diamond recorre de inicio a fin toda la película y trayendo consigo un sentido emocional que el guion no siempre consigue por sí solo. Las canciones son más estelares que la trama (con total intención), pero este caso ese detalle no juega en contra de la obra.
Sin ser memorable, es una historia simpática, sostenida en gran parte por el carisma de sus protagonistas y por el impulso de la música cuando le toca lucirse.
complementan, lo hermoso que cantan, la soltura de ambos frente a frente y la conexión que transmiten sostienen los momentos musicales. Esas son las escenas más fuertes de la película.
Pero cuando la música dejaba de sonar, no quedaba yo muy convencido. La compatibilidad de los 2 protagonistas queda opacada en un guion repetitivo y abiertamente melodramático.
Sin embargo, la experiencia siempre se sintió entretenida. Llega a tocar el corazón de los amantes del género y cumple su tarea. La película no pretende reinventar nada ni posicionarse en el top de sus similares; Es una historia que va a lo seguro y no es tan sosa (gracias al trabajo de Jackman y Hudson).
Es el espíritu del homenaje lo que le otorga a Song Sung Blue una identidad. La música de Neil Diamond recorre de inicio a fin toda la película y trayendo consigo un sentido emocional que el guion no siempre consigue por sí solo. Las canciones son más estelares que la trama (con total intención), pero este caso ese detalle no juega en contra de la obra.
Sin ser memorable, es una historia simpática, sostenida en gran parte por el carisma de sus protagonistas y por el impulso de la música cuando le toca lucirse.
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