Lo siento por la cantidad de personas que os gusta 'La Grazia', pero a mi pareja y a mi , que somos muy cinéfilos, nos ha resultado pesada, pretenciosa y aburrida. Si no fuera por esos actores y actrices fuera de serie, sería infumable.
Creo que Sorrentino, en general, carga sus películas en exceso con sus problemas personales, dando vueltas y más vueltas al sinsentido de las convicciones, a la cobardía, al placer decadente, queriendo otorgarles un valor que no tienen, de ahí ese aire solemne e impostado. La belleza en él es una especie de puerta de escape hacia un sublime que siempre se queda corto.
Y en esta película llega al paroxismo cuando, tras dos horas de 'hormigón armado', le hace decir al Papa (ficticio) que lo que abruma a Mariano, el Presidente saliente, es 'la gracia'. Vaya una desgracia!