El testamento de Ann Lee
Nota media
2,5
10 notas

1 Crítica del usuario

5
0 crítica
4
0 crítica
3
1 crítica
2
0 crítica
1
0 crítica
0
0 crítica
Ordenar por
Mejores críticas Últimas críticas Usuarios que han publicado más críticas Usuarios con más seguidores
Christian Martínez
Christian Martínez

271 críticas Sigue sus publicaciones

3,0
Publicada el 20 de mayo de 2026
A lo que lleva no poder ser madre.

Para mi sorpresa, no estoy decepcionado con 'El testamento de Ann Lee'. Y digo sorpresa porque, siendo agnóstico, el cine de temática religiosa me genera un rechazo de entrada. Muchas veces este tipo de relatos me hablan desde un lugar que no comparto, con discursos que son más cercanos a la fe ciega que a una verdad que pueda asumir como propia. Aun así, esta película logra algo que no siempre ocurre conmigo en este terreno: mantenerme dentro. No me fascina ni me cambia la vida, pero tampoco me expulsa. Me entretiene, sigo atento a lo que propone, escucho sus oraciones, observo sus rituales y acompaño sus momentos más duros sin caer en el tedio. No reflexiono tampoco demasiado después, ni encuentro respuestas inmediatas sobre lo que realmente quiere dejarme, aunque intuyo que su intención es clara: acercarme a la fe. En mi caso no lo consigue, pero valoro que, al menos, me mantuviera dispuesto a escuchar.

Se sostiene con firmeza una idea muy concreta y clara: Dios existe y el camino hacia él pasa por la pureza, el sacrificio y la renuncia sexual. No comparto esa visión, aunque tampoco necesito combatirla. Cada uno vive sus espiritualidad como quiere, y mientras no se me imponga, me parece respetable. Mi conflicto no está en la fe en sí, sino en cuando esa creencia intenta colocarse por encima del esfuerzo humano o presentarse como única verdad posible. Vengo, además, de una familia materna profundamente religiosa, y nunca me han hecho sentir menos por no creer, así que no hablo desde el resentimiento, sino desde la distancia. En ese sentido, la película también muestra la persecución hacia los cristianos y plantea un discurso de concienciación sobre la purificación del alma y el pecado, con el que puedo conectar parcialmente, aunque no compre del todo su planteamiento. Lo que no acepto es esa lógica de "o sigues a Dios o estás perdido", porque ahí el mensaje deja de invitar y empieza a imponer.

La figura de Ann Lee, personaje histórico que aquí se presenta como líder espiritual y fundadora de una secta cristiana --literalmente se retrata a sí misma la película--, encarna precisamente esa ambigüedad. La película retrata como alguien entregada a una misión de conversión absoluta, convencida de ser madre de todos y unida a Cristo desde un lugar que me resulta inquietante. Decir que Cristo es tu esposo y tu hermano al mismo tiempo, no es normal. Nunca consigue tampoco que crea en su palabra, pero tampoco pienso que necesite convencerme para que funcione. Su fe no es la mía, y aun así puedo observarla como una construcción de convicción extrema.

Donde sí me rindo sin resistencia es en las interpretaciones. Amanda Seyfried está firmando una etapa actoral admirable y aquí es el pilar fundamental. Me creo lo que transmite, no porque comparta su mensaje, sino porque su entrega física, su intensidad gestual y la fuerza con la que ocupa el encuadre es brillante. No percibo miedo al ridículo, ni en ella ni en el reparto, incluso cuando se exige movimientos, expresiones o rituales que podrían caer fácilmente en lo incómodo. Lewis Pullman confirma que es un actor hipnótico: cuando aparece, me cuesta apartar la mirada. Ambos elevan mucho todo y hacen que muchas escenas funcionen más por lo que llegan a transmitir que por lo que realmente dicen. El arco de personajes --de todo el reparto-- sí tiene un desarrollo visible, especialmente en cómo su transformación espiritual se traduce en la forma de estar en la pantalla.

La fotografía tiene un carácter pictórico y envolvente que me atrapa sin esfuerzos. Hay imágenes que parecen cuadros en movimiento, con un sentido extraordinario del color y la luz. Esa estética unida a la espiritualidad corporal de los personajes, construye algo cercano a la poesía visual. No es la mejor propuesta con acabado visual que he visto, pero tiene mucho mérito.

Mi problema real está en el guion. No está mal escrito, sino considerablemente mal estructurado. Es tan reiterativo que agota. La película entra en un bucle de las mismas ideas, canciones y oraciones sin encontrar formas nuevas de desarrollar. Además que los musicales no van conmigo. Eso no tendría que ser un obstáculo, pero las letras son siempre las mismas palabras. El discurso no evoluciona demasiado, aunque sí los personajes. Todo insiste en la misma verdad una y otra vez, hasta el punto de sentir que esto podría haber durado hora y media en lugar de dos horas y veinte, y decir exactamente lo mismo.

Otra película más que me funciona mejor en su diseño de producción y resultado técnico que en lo que intentan venderme. Las imágenes que fascinan, sus actuaciones son creíbles y se disfruta casi siempre; me distancia, en cambio, un discurso que siento demasiado cerrado sobre sí mismo y unas formas narrativas que son repetitivas. No es una mala película, ni mucho menos, pero podría haber sido algo mucho más potente, con más juego y jugo.
¿Quieres leer más críticas?
  • Las últimas críticas de SensaCine
  • Las mejores películas
  • Las mejores películas según los medios