Ha logrado no decepcionarme.
No sabría exactamente por dónde empezar con 'Maspalomas'. Es de esas pelis que no se acomodan fácilmente en una emoción concreta al terminar. La termino con la sensación de haber atravesado una experiencia más que una historia. Eso implica que ha sido efectiva. Se me hace completamente imposible quedarme entre el "me gusta" o "no me gusta". Hay imágenes que permanecen en mi memoria habiendo pasado un par de días de haberla visto y procesado. Hay gestos que todavía flotan en el aire. Hay silencios que pesan mucho más que los diálogos y que dicen más que las palabras. Sé lo que he visto. Sé lo que he experimentado. Pero es como si la película prefiriera quedarse suspendida en una zona insegura --dentro de mi cabeza--, sin ofrecerme un cierre emocional claro.
No me disgusta, en absoluto. Tampoco me conquista de inmediato. Su primera hora me resulta especialmente exigente. No porque esté atravesada por el sexo explícito o por una representación del deseo gay, sino por la forma en que se presenta. El que casi parezca una porno es lo que me echa para atrás. Me recuerda a 'Y tu mamá también', obra con la que nunca conecté. Siento que la película insiste demasiado en lo físico para subrayar algo que ya está perfectamente expresado en el protagonista, en José Ramón Soroiz: es su mirada, su manera de moverse, la forma en que observa el mundo. No necesita hablar con las palabras, sino con la gestualidad. Es un trabajo actoral espectacular. No necesito tanta reiteración visual para entender su orientación o su conflicto interno.
Esa insistencia explícita del sexo termina resultándome hasta casi invasiva. Hay una secuencia concreta, dominada por las luces rojas, que me hizo pensar que iba a tornarse todo a un camino muy mentalmente agresivo, de tortura, a lo 'Irreversible', pero no. Me habría sorprendido mucho. Entiendo todavía el porqué de esas decisiones. Comprendo el gesto político y narrativo que hay detrás. Simplemente la forma inicial no me parece atractiva. Aun así, la acepto, sigo adelante con todo.
Durante ese primer tramo también me vino inevitablemente a la cabeza 'Carmen y Lola'. Y la razón fue por hacerme la siguiente pregunta: ¿por qué contar esta historia desde un hombre homosexual? No está mal cuestionar las razones. La respuesta es sencilla y honesta: porque de eso va esto. No lo siento como inclusión forzada ni como propaganda woke. Funciona naturalmente. Hay pullas ideológicas/políticas, aunque están integradas como parte del paisaje social narrativo, no como discurso impuesto protagonista.
A partir de la segunda mitad es cuando 'Maspalomas' empieza a convencerme más. La película deja atrás --parcialmente-- su punto más físico y explícito, y se desplaza a un territorio más mental, más íntimo, más personal. Empieza a interesarse menos por mostrar y más por sugerir. Menos por provocar y más por acompañar. Y ahí es donde encuentro su verdadera fuerza. El relato se vuelve más atento al mundo interior de nuestro protagonista, más dispuesto a explorar sus duelos.
Lo que más me interesa del film es su reflexión sobre la identidad. El reconocimiento de uno mismo frente a un entorno atravesado por prejuicios conservadores, que no entienden de generaciones ni edades. La idea de ser quien eres sabiendo que eso puede implicar rechazo, incomodidad o aislamiento. Y, sobre todo, la pregunta que atraviesa todo: si se está dispuesto a asumir ese coste emocional. No se trata solo de aceptar quién eres, sino de decidir si tienes lo que necesitas para sostener esa verdad frente al mundo.
Gran parte de lo bien que se entiende todo lo que no se dice directamente, es gracias a la dirección. José Mari Goenaga y Aitor Arregi. Son buenos contando y expresando. El pulso tranquilo, sin prisa, permitiendo que el espectador se adapte al entorno al mismo tiempo que lo hace nuestro protagonista. No pienso que haya lecturas personales; la idea principal está bastante clara. El estilo funciona: es visualmente agradable, aunque al principio me cueste aceptar la explicitud.
Lo que sí me resulta casi imperdonable es el tratamiento del sonido y el doblaje. La vi en VOSE y noté una especie de artificialidad o robotización en las voces. Ni siquiera sé si el problema es la forma en que la vi --no puede ser, solo me pasa con esta peli--. El doblaje al español directamente es un espanto: forzado, poco natural. El problema no son lo diálogos, sino la forma de hablarlos. Me parecen horrorosos. Me resultan tan repugnantes que prefiero verla en un idioma que no es el mío, aunque sea subtitulada. Es que las voces a veces no me parecen correspondiente con los rostros.
'Maspalomas' no me entusiasma. No la termino fascinado ni con ganas de más. Estoy bien. Sí creo que es sólida, que sabe qué quiere contar y cómo. Cuando abandona la provocación más evidente y se atreve a mirar hacia dentro. Es ahí, cuando todo empieza a resonar de verdad.