Como la vida misma, el cine también vive sus ciclos. El género de terror, en este caso, ha vivido ya numerosos auges, caídas y renacimientos. Gracias a ello evoluciona, innova y se reinventa. No por nada vivimos en una nueva época dorada para el género (por ejemplo: algunas de las mejores cintas del 2025 fueron, precisamente, de terror). Los nuevos talentos nos traen cada vez más propuestas frescas y diferentes, que cambian las normas o crean nuevas fórmulas hasta hacer que el "viejo terror" parezca algo que poco a poco va quedando para el olvido.
Quizás por eso es que "Hokum" me ha parecido algo tan refrescante. Ha sido como volver unos años atrás, a una época donde el jump scare era tan efectista como efectivo. Ojo, que esto no le resta valor; todo lo contrario. Que este más cerca de "Expediente Warren" de James Wan que de "La Bruja" de Eggers significa que alguien ha hecho los deberes como para volver a retomar las viejas normas del género (brujas, fantasmas, casas encantadas, sótanos oscuros y linternas que se apagan solas) y las ha utilizado como se debe.
Es una aterradora delicia volver a sentir esa incómoda incertidumbre de saber que la cuerda de la tensión está a punto de romperse, pero uno no sabe cuándo. Aquí el sonido del crepitar de la madera es tan importante como el silencio, y ambos se meten en tu cerebro hasta hacerte ver cosas que tal vez no estén ahí. Imaginería potente, humor bien calzado y una duración que, si bien tal vez no necesite de los últimos 10-15 minutos, hacen de ella una película endiabladamente entretenida.
"Hokum" no reinventa la rueda: se atreve a volver a un modelo anterior para recordarnos a todos que, bien utilizada, sigue corriendo como la que más.