Óscar Restrepo, alguna vez señalado como una de las voces más prometedoras de su generación, carga ahora con el peso silencioso de las expectativas incumplidas. Aquel debut que despertó elogios y augurios de grandeza se ha ido desdibujando con los años, ahogado por la inseguridad, la falta de reconocimiento y una rutina que poco tiene que ver con el fervor literario de su juventud. Hoy sobrevive impartiendo clases de lengua y literatura en un instituto público, repitiendo lecciones sobre poetas que un día soñó igualar, mientras regresa cada tarde a casa para cuidar de su madre enferma, atrapado entre la culpa y la resignación. Su vida transcurre en un equilibrio frágil: la vocación que se marchita y las responsabilidades que no dan tregua. Óscar escribe a escondidas, en cuadernos que rara vez muestra a nadie, como si la poesía fuera un rescoldo que se niega a extinguirse del todo.
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