Durante un verano aparentemente tranquilo, una pequeña localidad se ve arrastrada a una espiral de horror y locura cuando un inquietante vendedor de helados (Ari Millen) comienza a repartir sus dulces por las calles del pueblo. Lo que al principio parece una inocente golosina para los más pequeños pronto revela unas consecuencias devastadoras: los niños que prueban sus helados se transforman en criaturas violentas dominadas por un irresistible impulso asesino. A medida que el número de afectados aumenta, el caos y el terror se extienden rápidamente, sumiendo a toda la comunidad en una pesadilla de la que parece imposible escapar.