Incapaz de superar la pérdida de su hermana, Jill encuentra consuelo dejando mensajes de voz en el antiguo número de teléfono de la fallecida, compartiendo con ella sus pensamientos, frustraciones y las peripecias de su agitada vida en San Francisco. Lo que para Jill es una forma de mantener vivo el vínculo y sobrellevar el duelo, se convierte en algo inesperado cuando ese número es asignado a otra persona sin que ella lo sepa. Al otro lado de la línea se encuentra un enigmático agente inmobiliario de Austin que, de repente, comienza a recibir aquellas grabaciones cargadas de emociones, confesiones y momentos tan divertidos como conmovedores. A medida que escucha los mensajes, se ve involuntariamente inmerso en la vida de una desconocida, estableciendo una conexión singular que cambiará a ambos de formas que ninguno podría haber imaginado.
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