Fractal Almodovariano
por Andrea ZamoraCada vez que Chavela Vargas cantaba 'La Llorona', parecía una canción diferente. La artista convirtió el popular tema mexicano en una extensión de ella misma. La acompañó toda una vida. También cada vez que los personajes de Amarga Navidad vampirizan la realidad, aunque el tema sea el mismo, parece una historia diferente. La ficción, en esta película y en todo arte, bebe de la realidad, se alimenta de ella y luego se transforma en algo que se le parece, que hace de homólogo, pero que muta un poco. Amarga Navidad es la historia de un director creando su nueva historia, es un relato sobre un artista basándose en lo que tiene a su alrededor para construir una trama.
Elsa, una Bárbara Lennie impecable, es una directora de cine que, tras un par de películas sin mucho éxito, se gana la vida haciendo anuncios. Está sufriendo unas migrañas que la incapacitan y que están más conectadas con la psicología que con la fisiología. Elsa, que tiene a Chavela Vargas y 'La Llorona' como una constante en su vida, se va de vacaciones lejos de Madrid con una amiga que está pasando por problemas en su matrimonio. Patricia se convierte en la inspiración de Elsa, que empieza a escribir el guion de una nueva película.
Pero Elsa no es real. Elsa es una creación de Raúl Durán, un intachable Leonardo Sbaraglia, un director de cine que está escribiendo un nuevo guion. Elsa y el resto de sus personajes están inspirados en su propia vida y en la de sus conocidos y amigos. Sobre todo en la de su ayudante Mónica, una maravillosa Aitana Sánchez-Gijón.
Raúl, claro, es un trasunto de Almodóvar. Elsa, por lo tanto, es un trasunto de un trasunto de Almodóvar. Amarga Navidad funciona como una matrioshka de realidades, como una fotocopia de una copia, como un fractal. Almodóvar es Raúl Durán, que es Elsa, que será alguien en el guion que está escribiendo Elsa. El cineasta manchego crea un juego de metaficción que traspasa la pantalla: todo empieza y nace de él. Esta obra no existe sin el artista. El artista, tampoco sin la obra. Es una creación infinita.
Warner Bros.
En Amarga Navidad, Almodóvar se coloca a sí mismo en una posición de villano. La película parece una reprimenda, una autocrítica al artista, que puede ser peligroso cuando todas las piezas de una creación encajan donde antes no lo hacían. Y, de nuevo en un ejercicio de metaficción, eso es precisamente lo que ocurre a lo largo de toda esta película. De una forma sobresaliente, quizá ni siquiera queriéndolo, Almodóvar hace que lo que estamos viendo no termine de funcionar del todo. Hay una especie de extrañeza, de que algo no va bien, de que las cosas no terminan de hacer 'clic' hasta que lo hacen.
El desenlace de Amarga Navidad, que también suena a confesión, es donde converge todo. Es un terremoto, un torbellino y un relámpago. Las tres cosas a la vez. Este filme termina con un duelo entre los personajes de Sbaraglia y Sánchez-Gijón en el que hay comedia, ritmo y frenesí. Es ahí donde cada error de Amarga Navidad, cada fallo, cada disparate y sinsentido cobra sentido. Todo se acopla con la facilidad de dos piezas de un puzle que están destinadas a encajar la una en la otra y con ninguna más.
Amarga Navidad parece empezar donde termina y que todo lo que hemos visto es un ejercicio para llegar a lo que es realmente Amarga Navidad: el artista trabajando para encontrar la solución al problema. La propuesta de Almodóvar es brillante, inteligente y vulnerable. Y si esas tres cosas no hacen una buena película, entonces yo ya no sé nada.