El muñeco de arcilla me ha parecido una película entretenida, de esas que no reinventan nada pero saben moverse dentro de un tipo de terror muy reconocible. Tiene muchos de esos sustos y mecanismos típicos del cine asiático de posesiones, silencios tensos, miradas raras, cuerpos que se deforman, cambios de comportamiento y una presencia maligna que va colonizando poco a poco la vida cotidiana. En este caso, además, con la idea bastante eficaz de un muñeco demoníaco que posee a quien se le cruza por delante.
Lo mejor es que arranca bastante bien y crea una atmósfera inquietante con relativa facilidad. Hay una sensación de mal rollo constante, de objeto maldito que trae algo podrido detrás, y la película sabe explotar bastante bien ese miedo tan básico a meter el horror dentro de casa. También ayuda que la pareja protagonista funcione y que el embarazo añada un punto extra de vulnerabilidad, amenaza y urgencia a todo lo que pasa.
Además, me gusta que intente mezclar el folklore local con elementos más modernos, porque eso le da un pequeño giro dentro de una historia que, en el fondo, sigue patrones bastante conocidos. Cuando la película se centra en la posesión, en los rituales y en la escalada física del horror, funciona bastante bien. Hay imágenes potentes, algunos momentos desagradables de verdad y una tensión que, sin ser extraordinaria, sí mantiene el interés.
Eso sí, a mitad de camino se nota que pierde un poco de claridad. Hay reglas del funcionamiento de la posesión que no siempre quedan del todo bien explicadas, algunas decisiones son bastante torpes y el desarrollo se apoya más de la cuenta en tópicos muy vistos. No llega a hundirse, pero sí da la sensación de que la idea daba para algo más compacto y mejor rematado. El tramo final, además, se acelera bastante y entra en un terreno más exagerado.
Aun así, no me ha disgustado. Dentro de sus limitaciones, la película sabe ser eficaz y por momentos hasta divertida en su mezcla de sustos, posesión, sangre y locura progresiva. No es una gran película de terror ni una de esas que se te quedan grabadas para siempre, pero sí una propuesta resultona para quien disfrute este tipo de historias de muñecos demoníacos, maldiciones y exorcismos con sabor asiático.
Al final, El muñeco de arcilla cumple. Tiene una premisa atractiva, varios momentos logrados y el suficiente ambiente como para dejarse ver con gusto, aunque tampoco pase de ahí. Entretenida, eficaz a ratos y bastante típica en otros, pero en conjunto funciona.