En 1950, el Partido Comunista Español envía a un guerrillero a las montañas del Levante y Aragón para capturar a La Pastora, un exmaquis hermafrodita que ha pasado de luchador antifranquista a fugitivo temido. Acusado de asesinatos y convertido en símbolo de la propaganda franquista para desacreditar a la resistencia, La Pastora representa la frontera entre víctima y verdugo.
En una España herida por la guerra y el silencio, la misión se convierte en una reflexión sobre identidad, traición y supervivencia en tiempos de represión.