Esto hay que escucharlo
por Andrea ZamoraEn las azoteas de Tel Aviv, por la noche, las personas ponen en palabras los asesinatos que cometen. En lo más alto de los edificios de la ciudad de Israel se confiesan los crímenes de todo un estado. Con la única luz que sale por las ventanas de las casas, los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (DFI), con sus caras protegidas por la oscuridad, cuentan a un hombre lo que han hecho y hacen en Palestina. NAZA es uno de los documentos más importantes de nuestra época. NAZA es el testimonio de los crímenes más atroces contra la humanidad. NAZA es una prueba más del genocidio palestino en Gaza.
Yuval Abraham y Rachel Szor, que ya se encargaron de demostrar los horrores cometidos por el DFI en No Other Land (2024), suben su apuesta con NAZA, una película directa y clara como el mecanismo de una polea: perfecto, efectivo y simple porque no necesita ningún disfraz para contar lo que cuenta.
The Guardian / JW Films
En NAZA -acrónimo militar que utiliza el ejército de Israel para calcular los civiles que se espera que mueran como daño colateral en un ataque-, Abraham se reúne, cara a cara, con una serie de soldados del DFI que le cuentan cómo llevan a cabo el seguimiento y los asesinatos de palestinos. El único adorno visual que se permiten son unas rimas con el interior de las casas de los habitantes de Tel Aviv y sus televisiones encendidas con las noticias o mensajes de Benhjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. Y esto consigue crear una contradicción: la de que las casas destruidas de los gazatíes y los modernos edificios de Tel Aviv, donde sus habitantes reciben una información mediada por el relato oficial israelí.
Los soldados revelan cómo trabajan con el servicio de inteligencia con la inteligencia artificial llamada Lavender que se encarga de señalar a los objetivos a eliminar. Objetivos que a Israel poco le importa si son niños o adultos. Matar se convierte en un videojuego y se aprovechan del hambre y la desesperación de los gazatíes para acabar con ellos. "No recogíamos los cadáveres. Los perros se los comían", dice uno de los soldados.
NAZA es repulsiva, horrible, violenta y descorazonadora. Y, en 80 minutos, no le hace falta más que unos cuantos testimonios para ser todas esas cosas.