Con Jean-Claude Van Damme me pasa una cosa muy clara: aunque haga un bodrio, una parte de mí sigue entrando con cariño. Es uno de esos actores que forman parte de una educación sentimental de videoclub, de tardes viendo patadas imposibles, torneos clandestinos, venganzas, hermanos dobles, soldados tristes y héroes musculados que parecían invencibles. Por eso una película como esta duele un poco más. No es solo que sea mala; es que es mala con alguien a quien uno quiere cinematográficamente. Y eso la convierte en una experiencia entre la decepción, la ternura y el “pero cómo has acabado aquí, Jean-Claude”.
La premisa es de las de manual barato: un exmilitar atormentado, un pasado traumático, un trabajo como guardaespaldas, un exboxeador metido en problemas, una hermana que acaba generando una subtrama romántica bastante forzada, malos de opereta, corrupción, tiros, amenazas y frases que parecen escritas en piloto automático. Sobre el papel, tampoco hacía falta mucho más para una película de acción directa a DVD. El problema es que ni siquiera como entretenimiento bruto termina de levantar vuelo. Todo suena a ya visto, ya mascado, ya reciclado de otras películas mejores, incluidas algunas del propio Van Damme.
Lo peor es esa sensación de telefilme pobre. La dirección es plana, los escenarios parecen baratos, la fotografía no tiene fuerza y muchas escenas están resueltas sin nervio. No hay verdadera fisicidad, no hay tensión, no hay una puesta en escena que haga que los golpes duelan o que los tiroteos tengan algo de emoción. En una película de este tipo uno puede perdonar un guion tonto si la acción responde. Pero aquí la acción es escasa, rutinaria y muchas veces torpe. Las peleas llegan tarde, duran poco o no tienen la energía que uno espera cuando ve aparecer al belga en pantalla.
Y aun así, ahí está él. Mayor, más cansado, lejos de la agilidad salvaje de sus mejores años, pero todavía con algo que hace que sigas mirando. No porque el personaje sea bueno, que no lo es, sino porque Van Damme conserva una presencia triste, un aire de héroe venido a menos que encaja casi sin querer con la propia película. Su Patrick Sauvage debería ser un tipo duro, perturbado por la guerra, eficaz, peligroso y algo misterioso. En realidad, queda como una mezcla rara de guardaespaldas taciturno, exsoldado de trauma de saldo y galán improbable. Pero incluso en medio de tanta mediocridad, hay momentos en los que uno recuerda por qué le tiene cariño.
El guion no ayuda nada. Está lleno de tópicos, situaciones absurdas y decisiones que parecen puestas solo para mover la trama al siguiente bloque de acción. Los malos fallan lo imposible, los buenos sobreviven porque toca, las relaciones sentimentales nacen casi por decreto y el clímax tiene ese aire de garaje, matones y disparos sin imaginación que resume bastante bien el nivel general. Se nota el intento de mezclar trauma militar, cine de guardaespaldas, ambiente rapero, fraternidad de equipo y thriller criminal, pero todo queda apelotonado, sin personalidad y con una torpeza bastante evidente.
Tampoco el reparto consigue elevar demasiado la cosa. Vivica A. Fox aporta presencia, pero su personaje está tratado de una manera bastante básica. Razaaq Adoti tiene momentos de intensidad, aunque también se mueve dentro de una película que no sabe muy bien qué hacer con nadie. Los secundarios cumplen como pueden, pero casi todos parecen funciones: el protegido, la hermana, el amigo, el villano, los matones, el compañero gracioso. No hay personajes de verdad, hay piezas de una película de acción de saldo. Y cuando una cinta así no tiene buenos personajes ni buenas peleas, lo que queda es poca cosa.
Entiendo a quienes dicen que, dentro de su nivel, se deja ver. No aburre de forma insoportable, tiene alguna escena aprovechable y para completistas de Van Damme puede tener ese valor casi arqueológico de seguir una etapa baja de su carrera. También se agradece reencontrarse con Sheldon Lettich, porque juntos firmaron trabajos mucho más queridos. Pero precisamente por eso la comparación pesa. Pensar en la energía de aquellas películas y ver aquí este producto tan apagado produce una mezcla rara de nostalgia y pena. Es como visitar un gimnasio viejo donde todavía quedan los pósters, pero ya no queda la electricidad.
Al final, me parece un bodrio bastante claro, aunque no uno de esos que se odian con rabia. Es más bien un bodrio triste, de fan decepcionado. Tiene todos los ingredientes de la serie B de acción —héroe atormentado, golpes, tiros, villanos, chica, equipo, trauma—, pero casi ninguno funciona con verdadera fuerza. Se ve por cariño al actor, por completismo o por esa tolerancia que a veces tenemos con nuestros antiguos héroes. Pero como película es floja, cutre, previsible y muy olvidable. Jean-Claude sigue siendo Jean-Claude, y eso algo salva en lo emocional. Pero no lo suficiente. Ni de lejos.