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Ozonero
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3,0
Publicada el 19 de septiembre de 2020
Esta historia sobre un dentista que pierde a su familia en los atentados del 11S y lo deja todo es un drama protagonizado por Adam Sandler y Don Cheadle que trata la tragedia con mucho respeto en una trama de amistad y de la necesidad de hablar y soltar lastre en situaciones extremas. Los dos protagonistas están bastante bien y la historia, sin caer en la lágrima fácil, es dura y realista y Sandler explota la faceta dramática, tan alejada de sus típicos papeles, con solvencia.
En algún lugar de la memoria me ha parecido una película preciosa y muy triste, de esas que pueden quedarse contigo mucho después de haber terminado. No porque busque únicamente hacer llorar, sino porque habla del duelo de una forma dolorosa, incómoda y bastante humana.
Alan reconoce por casualidad a Charlie, su antiguo compañero de universidad. Hace años que no se ven y al principio parece simplemente un hombre extraño, aislado y desconectado del mundo. Poco a poco descubrimos que perdió a su mujer y a sus hijas en los atentados del 11 de septiembre y que, desde entonces, vive intentando no recordar.
Charlie se mueve por Nueva York con sus auriculares, su patinete y sus videojuegos, como si hubiera construido una burbuja donde nada pudiera alcanzarlo. No quiere hablar de su familia, no soporta que nadie mencione lo ocurrido y reacciona con violencia cuando siente que alguien intenta entrar en ese espacio. No ha superado la pérdida; simplemente ha convertido toda su vida en una forma de huir de ella.
Adam Sandler está extraordinario. Es fácil pensar en él como actor de comedia, pero aquí demuestra que puede sostener un personaje completamente roto sin caer constantemente en el exceso. Su aspecto, su manera de hablar y esos cambios repentinos entre la ternura, la rabia y el miedo consiguen que Charlie resulte imprevisible y profundamente triste.
Hay momentos en los que apenas parece presente y otros en los que todo el dolor sale de golpe. Sandler consigue que entendamos que detrás de algunas actitudes irritantes o absurdas hay alguien que lleva años sobreviviendo como puede. No convierte a Charlie en un personaje cómodo ni intenta hacerlo simpático todo el tiempo.
Don Cheadle también está magnífico como Alan. Su personaje tiene una familia, trabajo y una vida aparentemente estable, pero tampoco es completamente feliz. Se siente atrapado en su rutina, incapaz de expresar lo que necesita, y el reencuentro con Charlie termina obligándolo a mirar también sus propios problemas.
La amistad entre los dos es el corazón de la película. Alan quiere ayudar a Charlie, aunque a veces da la impresión de que también necesita escapar junto a él. Pasean, juegan, escuchan música y recuperan una cercanía que ambos habían perdido. No es una relación idealizada: Alan se equivoca, insiste cuando no debería y en ocasiones utiliza aquella amistad para evitar enfrentarse a su propia vida.
La película mezcla drama y pequeños momentos de humor. No siempre consigue que el cambio de tono resulte natural, pero agradezco que no presente a Charlie únicamente como una figura trágica. Sigue siendo una persona capaz de reír, jugar y conectar con alguien, aunque después vuelva a encerrarse.
También me gusta que no ofrezca una recuperación sencilla. Charlie no mejora porque alguien pronuncie las palabras adecuadas ni porque acepte acudir a terapia. Hay daños que no desaparecen y pérdidas que no se superan por completo. La película no promete que vaya a volver a ser quien era, solo deja abierta la posibilidad de que algún día pueda vivir sin esconderse constantemente.
Quizá algunas escenas son demasiado evidentes y el uso del 11S como centro de la historia puede resultar delicado. Pero a mí no me ha parecido que la película explote la tragedia. La utiliza para hablar de algo más amplio: cómo se sigue viviendo después de perderlo todo y qué puede hacer alguien que quiere ayudarte cuando tú no quieres ser ayudado.
En algún lugar de la memoria es una película triste, cálida y muy bien interpretada. Adam Sandler realiza uno de los mejores trabajos de su carrera y Don Cheadle está a su altura. Puede tener defectos y algún cambio de tono algo forzado, pero su historia de amistad, dolor y supervivencia emocional tiene mucha fuerza.
Una película de las que, como indica su título, pueden quedarse guardadas en algún lugar de la memoria.