28 semanas después
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Hristo Chaves
Hristo Chaves

402 usuarios 64 críticas Sigue sus publicaciones

5,0
Publicada el 27 de septiembre de 2010
Peliculon!! Tanto como que me la compre en Blueray
cine
Un visitante
5,0
Publicada el 17 de agosto de 2010
me encanto,es muy agil ,muy rapida,sabe mantener al espectador en tension y los zombis espectaculares,
Arturo Jr Hurtado
Arturo Jr Hurtado

38 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 16 de junio de 2026
28 semanas después retrata la culpa que tanto le gusta narrar a Carlos Fresnadillo y que arremete ante la explosión de rabia de Danny Boyle en 28 días después. Cargar con el legado de una obra que redefinió el cine de infectados era una tarea imposible en los papeles, pero la secuela aquí reseñada supo encontrar identidad propia al cambiar el foco de la supervivencia hacia las consecuencias morales de las decisiones humanas. 
Fresnadillo demostró en Intacto el interés que tenía hacia los personajes perseguidos por sus errores y a la culpa como motor del drama. Obsesiones presentes con claridad en este proyecto que se cuestiona qué es lo que ocurre cuando se cree que el fin del mundo ya pasó. ¿Quién decide que es seguro volver? ¿Quién determina que la amenaza ha desaparecido? ¿Quién carga con la responsabilidad si se equivoca? La reconstrucción de Londres se convierte en el escenario donde sale a relucir la arrogancia humana. Por eso Don, interpretado por Robert Carlyle, es el auténtico protagonista. Su elección de abandonar a su esposa durante la secuencia inicial desencadena un efecto dominó que terminará arrastrando a todos los personajes. La película funciona mejor cuando gira alrededor de esa culpa y explora cómo una decisión tomada en segundos puede perseguir a una persona durante meses para acabar destruyéndola. 
Hablando específicamente de aquella secuencia inicial, son pocos los que ponen en cuestión de duda que es uno de los mejores arranques que ha dado el cine de infectados. La tensión es insoportable, la puesta en escena es maravillosa y la desesperación resulta contagiosa para el espectador. Es una escena que, por sí sola, justifica gran parte de la reputación de la película y que sigue funcionando casi veinte años después. 
Sin embargo, tengo sentimientos encontrados con si formato visual. La película abandona la estética digital underground que convirtió a 28 días después en una experiencia tan particular. La imagen ahora más cinematográfica y convencional, sigue usando la cámara en mano agresiva, teleobjetivos durante las persecuciones y un montaje frenético que busca que el espectador viva el caos, pero creo que la saga perdió parte de su personalidad en ese cambio. Ese aspecto sucio de la primera película ha envejecido sorprendentemente bien y sigue siendo una de las razones por las que aquella obra conserva frescura. 
Donde la película encuentra inconvenientes es en el guion. Existe una discusión recurrente alrededor de 28 semanas después: si estamos ante una película fabulosa o ante una colección de escenas extraordinarias unidas por personajes que toman decisiones poco coherentes. La tensión, el ritmo y varias secuencias de acción son magníficas, pero la lógica interna de muchos acontecimientos se entorpece. Los protocolos militares a veces son difíciles de creer, algunas decisiones parecen existir únicamente porque la trama las necesita y la respuesta institucional roza una incompetencia caricaturesca. 
Sin duda es algo llamativo porque la película quiere construir una crítica política a la militarización y a la falsa sensación de seguridad posterior al trauma colectivo. Pero es que, en ocasiones exagera tanto esos elementos que termina debilitando su propia credibilidad. 
Narrativamente, la película es perfecta como tragedia clásica. No estamos ante una historia de transformación. Don no aprende nada ni encuentra redención. Su viaje es descendente. Cada paso lo acerca más al castigo derivado de su pecado original. En ese sentido, la estructura resulta casi bíblica: primero llega el pecado, después el ocultamiento, luego la culpa, más tarde el castigo y finalmente el contagio. Y ese contagio termina siendo tanto biológico como moral. 
Por eso pienso que la idea más interesante de toda la película es que la verdadera infección es la incapacidad humana para asumir las consecuencias de sus actos. En ese hilo es dónde 28 semanas después logra diferenciarse de su extraordinaria predecesora. 
No alcanza la grandeza y majestuosidad de 28 días después, ni de cerca, pero tampoco intenta repetirla. Es una secuela imperfecta y a la vez ambiciosa, capaz de plantear ideas mucho más interesantes de lo que suele ofrecer el género.
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