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Christian Martínez
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2,0
Publicada el 19 de mayo de 2026
Un buen estimulante del sueño.
Una película que debería haberme impactado más de lo que lo ha hecho. Me he quedado dormido viéndola. No por cansancio físico precisamente, sino porque la primera hora se me hace cuesta arriba, interminable y poco envolvente. Es que en ese tramo inicial, la narración tiene un ritmo que no me ayuda. Incluso aunque los personajes se me hagan interesantes --en concepto--, no llega a calar en mí lo que propone transmitir.
Yo, que soy tremendamente fanático del cine, ese formato de cine dentro de cine debería ser una debilidad para mí, pero me distancia. Miro varias veces el reloj antes de llegar siquiera al minuto cuarenta.
Y la segunda mitad cambia algo el panorama general. Aquí sí que encuentro momentos en los que la película me retiene, me interesa y me mantiene despierto tanto literal como narrativamente. Pero el problema es que llego a ese punto tras haberme ido por completo antes. Eso condiciona el resto de la experiencia. La mejora de la segunda hora no compensa el desgaste previo.
Su discurso político y amoroso es lo que me hace dispersarme. No es que no entienda lo que quiere decir, es que no me afecta lo suficiente. Y para ser una película que depende tanto de su discurso, eso es el problema central.
Los personajes tampoco se me hacen humanos, sino pura herramientas del guion. Molina, por ejemplo, interpretado por William Hurt, por un lado me interesa su forma de escapar de la realidad a través del cine, algo con lo que puedo empatizar. Pero pienso en él y lo primero que se me viene a la cabeza es la idea que refleja, no su persona en la película. Lo mismo me ocurre con Valentín, interpretado por Raúl Juliá, que es directamente el discurso político y la lucha ideológica. Entiendo su situación, su conflicto y el trasfondo de represión política, pero la película no logra que lo viva de la forma correcta. Se habla de política, de revolución, de injusticia... Pero a mí me llega de forma más teórica que emocional.
No los percibo tanto como seres humanos complejos, sino como dos fuerzas enfrentadas: el amor y la política. Y esa lectura simbólica es interesante, pero hace que todo sea más conceptual que vivido. En la última media hora, además, me pierdo en el hilo narrativo. No tanto por desconexión total, sino porque la estructura ya no se me hace del todo clara. Entiendo lo que quiere decir en términos generales, pero no sigo con precisión el desarrollo de todo lo que ocurre.
Puedo intuir lo que representa aquí la simbología, pero no consigo tenerlo claro y tampoco me preocupo por saberlo. Es una capa más de significado y creo comprenderlo, pero no es algo que me arrastre o me deje pensando.
Lo mejor son sus interpretaciones, en especial Hurt, pero su discurso político y su dimensión temática no me interesan lo suficiente como para que me afecten.