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Un visitante
5,0
Publicada el 24 de abril de 2019
Impresionante espectáculo !! Recomendable 100%..luz y color..caracterización de los personajes.. una delicia escuchar el chorro de voz de la protagonista
Es excelente, divertida, emotiva y lo bueno es que adaptaron la muy buena música (con sus letras) de ABBA en una comedia romántica de muy buen nivel cinematográfico. La he visto muchas veces, siempre me hace reir, emocionar y divertir. Creo que los actores se divirtieron mucho haciéndola, por eso vale la pena verla siempre.
Horrible está película hizo que odiara los musicales y me gustan musicales simplemente vomitiva. Actuaciones del asco y la música solo es buena por qué es de abba pero la interpretación es una burla a la banda 濫冷
Quien haya leído alguna de mis críticas probablemente ya sabe que tengo un problema con los musicales.
No puedo con ellos.
Y no es una cuestión de prestigio, tradición o calidad. Sé perfectamente que existen musicales extraordinariamente importantes, que Broadway lleva décadas llenando teatros y que Mamma Mia! fue un fenómeno enorme antes incluso de convertirse en película.
Me da igual.
Nunca he ido a un musical ni en el Broadway madrileño ni en el neoyorquino por una razón bastante sencilla:
no me gustan.
Hay algo en el mecanismo básico del género que me expulsa inmediatamente. Dos personajes están hablando, ocurre cualquier cosa y, de repente, alguien empieza a cantar.
Después canta otro.
Luego bailan.
Y todo el mundo parece aceptar que esa es una forma completamente normal de continuar una conversación.
Yo no puedo.
Y Mamma Mia! convierte precisamente eso en su razón de existir.
La película de Phyllida Lloyd adapta el musical construido alrededor de las canciones de ABBA, así que pedirle que no haga exactamente eso sería absurdo. El problema es que ABBA tampoco ha sido nunca santo de mi devoción.
No me atraen.
Me aburren.
Así que juntar uno de los géneros que menos soporto con un grupo cuya música nunca me ha interesado era probablemente la peor combinación posible.
Y efectivamente lo fue.
Desde prácticamente el principio estaba deseando que terminara.
La historia importa poquísimo porque está construida fundamentalmente para encontrar la siguiente excusa que permita introducir otra canción. Los personajes hablan hasta que llega el momento de cantar, cantan, la película vuelve brevemente a la narración y empieza a preparar la siguiente.
Para quien disfrute de esas canciones, supongo que ahí está la fiesta.
Para mí fue agotador.
Y es curioso porque sobre el papel hay elementos que deberían resultar agradables.
Está Meryl Streep.
Está Amanda Seyfried.
Están Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgård.
Está Grecia.
Hay sol.
Hay mar.
Hay casas blancas.
Hay paisajes que cualquier agencia de viajes utilizaría para convencerte de comprar un billete inmediatamente.
Nada.
No conseguí conectar con absolutamente nada.
Ni siquiera Meryl Streep, cuya capacidad como actriz está fuera de toda discusión, puede hacer que ese mundo me resulte creíble. De hecho, verla lanzarse continuamente a números musicales terminó aumentando mi distancia con la película.
Y Pierce Brosnan cantando tampoco ayuda precisamente.
Pero sería injusto limitar el problema a si unos actores cantan mejor o peor.
El problema para mí está mucho antes.
No creo en ese universo.
No acepto sus reglas.
Cuando una emoción que podría expresarse mediante una mirada, un silencio o una conversación se convierte automáticamente en una canción, la película deja de hablarme.
Sé que esa es exactamente la gracia del musical.
Ahí está nuestra incompatibilidad.
Mamma Mia! además lo lleva todo hacia una alegría tan permanente, tan luminosa y tan conscientemente artificial que acaba produciéndome el efecto contrario al que busca. Cuanto más intenta contagiarme entusiasmo, más lejos estoy.
Los colores.
Las coreografías.
Las sonrisas.
Las canciones.
Las islas.
Todo debería transmitir felicidad.
Yo miraba cuánto quedaba.
Eso resume bastante bien mi experiencia.
Entiendo perfectamente que millones de personas hayan disfrutado del musical, de la película y de ABBA. No necesito pensar que están equivocadas.
Simplemente esta película está hecha para un espectador que no se parece absolutamente en nada a mí.
Roger Ebert escribió algo muy sensato sobre ella: que no estaba hecha para él, sino para quienes iban a adorarla.
Puedo entender perfectamente esa sensación.
Solo que en mi caso la distancia es todavía mayor.
Porque no encontré siquiera ese entretenimiento ligero que podría haber compensado mi rechazo al género.
No me hicieron gracia sus personajes.
No me interesó la historia.
No disfruté las canciones.
No me sedujo el supuesto encanto mediterráneo.
No conseguí agarrarme a nada.
Al final, Mamma Mia! terminó funcionando casi como una demostración de laboratorio de por qué no me gustan los musicales.
Si alguien empieza a cantar sin venir a cuento, ya me cuesta.
Si después canta otro, peor.
Si además todas las canciones son de ABBA, hemos terminado.
Lo primero que llama la atención en 'Mamma Mia' es su humor absurdamente exagerado. Durante la primera hora, este tono cómico puede resultar difícil de digerir; no llega a ser insoportable, pero sí genera cierta fatiga. Los personajes, por su parte, son de los menos carismáticos que se pueden encontrar en un musical moderno: forzados, superficiales y, en ocasiones, repelentes. La historia, centrada en engaños, secretos y traiciones familiares, tampoco aporta demasiado interés narrativo y deja al espectador con escaso motivo para involucrarse emocionalmente.
El verdadero punto fuerte de la película es, indudablemente, su componente musical. Los temas de ABBA están bien interpretados y se sienten energéticos; sin embargo, para quienes no sean amantes del género musical, es difícil extraer disfrute más allá de la superficie. En la primera mitad, la película puede parecer cansina y poco atractiva, aunque va ganando algo de fuerza conforme avanza el metraje. Los diálogos cumplen su función, pero sin ofrecer puntos de interés significativos.
En el apartado actoral, la química entre Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgård es notable y resulta uno de los elementos más disfrutables de la película. Meryl Streep aporta su carisma habitual y mantiene ciertos momentos de encanto, mientras que Amanda Seyfried cumple, aunque su personaje carece de la fuerza suficiente para generar un verdadero vínculo con el espectador. Me gustó más su papel en 'Jennifer's Body', película que ni siquiera me gustó en su momento.
En conjunto, 'Mamma Mia' se salva como metraje decente, apoyado en la música y algunos momentos de interacción entre el reparto masculino, pero carece de profundidad narrativa y personajes atractivos. No llega a ser una película que deje un impacto duradero, y, al menos desde mi perspectiva, no genera interés por continuar con su secuela.
Una interesante comedia romántica musical con una historia un tanto floja, pero que se sustenta con las maravillosas y alegres canciones de Abba que están muy bien engranadas dentro de la trama y que sus actores defienden como mejor pueden y sin estropearlas para nada. Solo por eso dan ganas de verla varias veces.
Está película siempre será una obra de arte, entre gustos y colores siempre van haber a quienes les guste y a quienes no pero mamma mía se mantiene por los años