Seed
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Elvis Del Valle
Elvis Del Valle

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3,0
Publicada el 22 de abril de 2026
La infamia de Uwe Boll en el mundo del cine siguió creciendo tras haber hecho sus adaptaciones de House Of The Dead, Alone In The Dark y BloodRayne. Aunque es cierto su mayor pecado es tomarse todas las libertades posibles al momento de materializar su propia visión de los juegos, es innegable que Boll siempre ha sido alguien ambicioso que no se detenía al momento de hacer sus películas. Sus defectos al momento de crear algo o cualquier desventaja que tuviera jamás fueron un impedimento para materializar sus ideas sin importar el resultado final. Al mismo tiempo en que se puso a crear sus versión cinematográfica de Postal, Boll también se puso a experimentar con el cine slasher. Seed fue su primer intento por sumarse a este género y tenía una visión clara de lo que quería hacer.

Algo que siempre ha caracterizado a muchos slashers es la brutalidad de sus asesinos. Cuanto más brutal o violenta fuera un slasher, más se podría apreciar el nivel de maldad del antagonista principal. Personajes como Freddy Krueger, Jason Voorhees o Michael Myers son seres de maldad pura cuya humanidad quedó sepultada y se han vuelto instrumentos del mal que expresan su brutal naturaleza por medio de sus asesinatos. Uwe Boll introduce a un asesino nuevo que en esencia parece genérico, pero que tenía el suficiente potencial para convertirse en otro asesino popular que generara un pequeño culto. De todos los personajes que aparecen en la película, Max Seed es el único que es interesante. La película no cuenta su pasado, pero los archivos policiales dejan pistas claras sobre quien es él. De esos archivos se puede apreciar un corte periodístico sobre un niño que sobrevivió al incendio de un autobús. Al estar archivado junto a los demás expedientes de los asesinatos, es más que claro que el niño en cuestión es Max. Lo que también corrobora esta sospecha es cuando los familiares de las víctimas en la escena de ejecución se horrorizan al ver el rostro de Max. La película nunca muestra el rostro del asesino y siempre lleva una máscara. Queda más que claro que Max Seed sufre de quemaduras que deformaron su rostro, pero las heridas que sufrió en su niñez no solo fueron físicas. Max tuvo una experiencia traumática que le dejó un grave daño psicológico, siguiendo el ejemplo del asesino de The Burning. La película es sutil al dar indirectas sobre el pasado de Max, aunque peca de no brindar diálogos que también fueran claves o no mencionar algo sobre la vida pública y privada de Max tras el incidente. La película empieza con un prólogo perturbador de Max mirando grabaciones sobre maltrato animal. Grabaciones reales obtenidas por la controvertida e hipócrita organización PETA. El acierto de usar estas grabaciones es que la película incomoda al inicio y dan a entender la mentalidad de Max. Lo que se entiende es que Max fue desarrollando un gusto por ver animales sufrir y eso hizo que fuera desarrollando un deseo por infligir daño en seres humanos. Max no lo hace por venganza o por odio, sino por el placer de ver seres vivos sufrir. Sus grabaciones en VHS confirman ese placer que fue desarrollando. Al principio empezando con una rata y un perro. Luego pasando a un infante y una mujer. Los policías no lo entienden, pero es evidente lo que esas grabaciones significan. Al presenciar animales sufrir, decidió practicar lo que veía empezando con animales y luego con seres humanos. Sus inicios iban primero con dejar a sus víctimas morir de sed y hambre hasta quedar solo restos. La película menciona que hubo 666 víctimas aludiendo al número de la bestia. Lo que no se explica es que otros métodos usó Max para ejecutar sus víctimas. Solo se podría pensar que recurrió a tácticas mucho más violentas y extremas. Max Seed es un asesino medio construido, pero que tiene lo necesario para ser un gran icono del slasher. Es inteligente porque tiende trampas y sabe estar al acecho. Otro error que comete la película con este personaje es que su arresto es fácil. Lo que se nota es que Max usa la fuerza cuando es necesario. Logra matar muy fácilmente a los policías que tratan de violarlo en su celda. Cuando es llevado a la silla eléctrica, no pone resistencia. Eso es porque evidentemente tiene una resistencia sobre humana y al parecer es consciente de la ley que la película menciona al inicio. Los involucrados en la ejecución cometen un grave error al enterrar a Max vivo creyendo que ahí acabaría todo. Ahí la película sigue el ejemplo de la adaptación cinematográfica de The Oblong Box. Cuando Max decide ir tras sus sepultadores, parece que está guiado por la venganza. Pero viendo que Max no es tonto, se puede considerar que él ya preveía que saldría libre ya sea por medio de la ley estatal o tras ser enterrado.

La película llega a tener lo necesario para ser como mínimo un slasher decente. Es incómoda y perturbadora al inicio. No solo por las grabaciones reales de maltrato animal, sino por las grabaciones VHS que tienen un grado de crudeza. Los llanos del infante y las descomposiciones rápidas de los cadáveres provocan incomodidad. El asesino principal tiene una naturaleza brutal y cruel que se pudo haber aprovechado bastante. Todo esto hace que la película muestre una influencia por el cine de horror alemán underground. Los inicios de Uwe Boll tienen sus raíces en ese territorio y ha formado parte de él cuando realizó la película Amoklauf. Boll fue también un cineasta underground emergente junto a figuras como Jörg Buttgereit, Andreas Schnaas y Olaf Ittenbach. Seed recurre a la esencia de ese cine underground alemán y con eso podría haber sido lo bastante perturbadora para generar controversia y un culto. La razón por la que Seed no consiguió alcanzar el mismo estatus que tienen otras obras alemanas como Nekromantik o The Burning Moon, es porque peca de tener un guion y desarrollo narrativo bastante débil. Un slasher no requiere de un gran guion porque se trata de algo con una historia sencilla sin muchas complicaciones. Eso es lo que Seed tendría que tener, pero su historia es vacía y plana. Además, todo es tan directo que falta más desarrollo para una coherencia narrativa. Hay un salto temporal que ocurre sin previo aviso. A diferencia de las películas anteriores de Boll, Seed se siente incompleta y deja deseos de haber visto mucho más. Los personajes no tienen una construcción y solo son víctimas genéricas del asesino. Matt Bishop es el único que tiene algo de sustancia por enfrentar a Max y tener que lidiar con un sentimiento de culpa. La preocupación que tiene hacia su esposa e hija también debería transmitir empatía. Eso es algo que no se consigue y también se debe a las actuaciones flojas que no son muy creíbles. Solo la dulce Jodelle Ferland como Emily Bishop transmite algo. La dirección es por lo menos decente porque la película empieza bastante bien. Se nota el uso de cámara en mano, pero no afecta tanto el ritmo. La escena de Matt y sus oficiales explorando la guarida de Max es muy intensa y transmite una atmosfera de terror bien elaborada. Boll incluso dejó una referencia directa al cadáver de la madre de Norman Bates de Psycho. Esto pronostica algo bueno, pero el único obstáculo es la oscuridad nocturna que no deja apreciar mucho. Después surgen algunas incoherencias como el recluso que sabe que Max fue enterrado vivo, pero no estaba presente en la ejecución. En la misma ejecución hay sangrando que desde luego es de los ojos de Max y en teoría tendría que haber quedado ciego. Pero Max aún conserva la visión en el resto de la película. Ya es después de la mitad que la película cae en una producción mediocre. Se puede apreciar efectos gore a cargos de Olaf Ittenbach que se ven bien. La película brinda una larga secuencia de asesinato que tendría que ser brutal, pero pierde seriedad cuando se aplica el uso del CGI. El resultado es una escena que parece sacada de un videojuego. No se ve muy mal, pero se nota que tiene algunos errores. Aun tratándose de una producción de serie B, al menos tendría que tener el mismo encanto del cine de explotación que tienen BloodRayne y House Of The Dead.

Seed podría sin duda haber sido una buena película slasher y al menos ser otra pequeña joya de culto. Pero esa oportunidad sé desmorona después de un inicio prometedor y el resultado es un slasher fallido. Desde luego es una curiosidad para conocer cuando se trata de explorar los rincones más oscuros del cine slasher. Esta vez Uwe Boll tuvo la oportunidad de hacer otra joya oculta para el cine underground, pero falló al terminar haciendo una película que es indiferente al resto de sus obras que lo han vuelto un director despreciado. Mi calificación final para esta película es un 6/10.
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